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La antesala de la rebeldía
Manuel Elvir Maldonado
El autor es economista. Fue presidente de la UNEN y el CUUN de la UNAN.

“El Estado soy yo, soberbia sentencia pregonera de un rey, pretensión silenciosa de muchos gobernantes”

Niceto Alcalá Henares.

Desde la fundación del Ejército Defensor de la Soberanía hasta hoy, el sandinismo ha tenido facetas políticas, sociales, históricas y culturales que son motivo de estudios, pero a mi entender con un sentido más interpretativo que narrativo. Y sí es posible incorporarle elementos de análisis que pertenecen a la filosofía de la historia y de sus reflexiones en los que se pueden tomar argumentos de Voltaire, Hegel y Arnold Toynbee.

Cuando el comandante Carlos Fonseca Amador sometió a consideración de muchos dirigentes estudiantiles los primeros borradores del Ideario Político de Sandino, algunos militantes del movimiento universitario de la UNAN le preguntamos a quien había sido en su época de estudiante de Derecho, Secretario General del Centro Universitario de la Universidad Nacional (CUUN), sobre los alcances de la nueva etapa del naciente y polémico movimiento de liberación nacional, lo que posteriormente sería el FSLN. Todas las inquietudes de mi generación, allá por 1961, fueron contestadas satisfactoriamente por el ex bibliotecario del Instituto Nacional Central Ramírez Goyena; centro de estudios donde el prestigiado ciudadano matagalpino recibió sus primeras lecciones de marxismo.

Las principales interrogantes fueron en ese momento si la organización revolucionaria dispone de una tendencia ideológica capaz de aceptar el concepto de policlasismo y la teoría del frente único, para hacer oposición y derrocar por la vía armada al ejército de la dinastía Somoza; de luchar simultáneamente en contra del imperialismo gringo y también en contra de la oligarquía conservadora, por ser esta en su condición de paralela histórica, aliada tradicional del somocismo.

Recuerdo muy bien que el FSLN adoptó la estrategia foquista de lucha plasmada en el libro Guerra de Guerrillas del comandante Ernesto (Ché) Guevara, y como era de esperarse, la mayor parte de los cuadros de mayor valía del sandinismo armado perecieron en su lucha por la liberación de Nicaragua en el corazón de la montaña; debido a que en gran parte la CIA y sus aliados se sabían de memoria el instructivo de guerrillas del desaparecido socialista argentino.

Las famosas “peinadas” de las montañas de Nicaragua por la Guardia Nacional y la EEBI (Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería) ocasionaron la muerte de jóvenes impulsados por esos grandes ideales nacionalistas y libertarios y también la del más grande líder de la revolución sandinista, quien como todo mundo sabe fue muerto en las montañas de Zinica.

Lo que sobrevino después es del conocimiento de todos: la descomposición del Estado somocista y el surgimiento de grandes adversarios como Jimmy Carter, Carlos Andrés Pérez, Rodrigo Carazo Odio, Omar Torrijos, Fidel Castro, el bloque soviético, la Internacional Socialista, el Cosep, la Iglesia Católica y no se diga de la gloriosa insurrección nacional del pueblo nicaragüense que hizo posible que el 19 de julio de 1979, moros y cristianos derrocaran al detestable y oprobioso régimen de la familia Somoza.

Durante el gobierno revolucionario de 1980-1990 sucedieron experiencias jamás vista en el funcionamiento de un gobierno revolucionario que estableció las bases de una economía mixta; que aceptó el no alineamiento y el pluralismo político o sea el derecho a la oposición.

Sin embargo, dentro de esta nueva experiencia política en Nicaragua sucedieron errores de gran magnitud en los que se observa a un comandante de la estatura de Jaime Wheelock Román destruyendo la economía agropecuaria de Nicaragua, obedeciendo a funestas instrucciones; al ingeniero Dionisio Marenco, en su calidad de asesor y secretario de Planificación de la Presidencia de la República de Nicaragua, que como arquitecto de la cuestionada Operación Berta (desmonetización del año 1988), produjo la catástrofe financiera más grande que se ha observado en nuestro país, al descapitalizar no solamente a las empresas pertenecientes al Área Propiedad del Pueblo (APP) sino que también a las empresas pertenecientes al área privada (AP) y no se diga de la especulación que sufrieron los almacenes al ser comprados sus inventarios por la famosa danza de los millones de córdobas que estaban en las manos de los que sabían antes de que la mencionada desmonetización fuera oficializada y la cual se realizó sin el menor control y fuera de la institución tan desacreditada y que los nicaragüenses conocen con el nombre de Banco Central.

El comandante Bayardo Arce, que en pleno cierre de campaña para las elecciones de presidente y diputados de 1990 le dijo al candidato del FSLN que no suspendiera el Servicio Militar Patriótico nicaragüense, a pesar de que esta decisión ya había sido considerada para cerrar con broche de oro en su discurso de clausura en la propaganda política para la toma del poder. La multitud que llenó la plaza pública en ese día para oír con alegría en la clausura de campaña el gran mensaje en donde el comandante José Daniel Ortega Saavedra iba a informar acerca de la eliminación definitiva del servicio militar para la juventud. Al no oír tan esperado mensaje la gran manifestación dejó vacía las plaza pública y regresó a sus hogares reflejando en sus rostros la tristeza colectiva del pueblo. De la quiebra programada del Interbank no tengo una información muy detallada acerca de la participación del comandante Bayardo Arce.

El comandante Tomás Borge Martínez ha sido calificado por la crítica de la política internacional como el ministro más absurdo y grosero, por no decir otra, cosa que ha tenido Nicaragua a través de toda su historia.

Ahora sucede que la Alcaldía de la comuna de Managua está sirviendo de plataforma para alimentar la rebeldía en contra del máximo dirigente del FSLN; así lo evidenciaron todos los argumentos que utilizó el señor Herty Lewites, ex alcalde sandinista de Managua y aspirante a la primera magistratura de la república.

Pareciera que el gobierno local del municipio de mayor importancia en Nicaragua engendra dones de superioridad que a veces muchos miembros destacados del actual gobierno olvidan que “el siervo no es mayor que su señor”, como reza el texto bíblico y que la máxima del nazareno forma parte del ABC de toda cultura política; expresión dicha de otra manera por el escritor florentino Nicolás de Maquiavelo, quien sostenía que las intrigas palaciegas y el poder de los aduladores no debía suplantar bajo ningún punto de vista la voluntad del Príncipe. Como decían nuestros abuelos: “Al mejor mico se le cae el zapote” y también, amigos de la militancia rojinegra, recuerden muy bien lo que dice el Evangelio según San Mateo: “Apercibíos, apercibíos que hay una trampa para cada uno de vosotros”.

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