|
|
|
|
 |
|
(Con colaboración de Arlen Cerda) |
|
|
|
|
|
|
Raití es sinónimo de pobreza. Sobre esta comunidad ubicada en la ribera del Río Coco, cerca de la frontera con Honduras, han caído plagas bíblicas y más. Hambrunas, inundaciones, plagas de ratas y gusanos, y casos de locura colectiva, la famosa enfermedad de grisi siknis.
La fama lamentable de Raití y el sufrimiento de su población, hicieron que el Gobierno del presidente Daniel Ortega la seleccionara como el escenario idóneo para el lanzamiento de uno de sus proyectos más ambiciosos: el Programa Hambre Cero, cuyo objetivo es erradicar el hambre de las zonas más pobres del país.
Este sábado gran parte del aparato burocrático del Estado se trasladó hasta el pequeño poblado. Una larga caravana y gran montaje en escena ha terminado con la tranquilidad de Raití. La caravana incluía a ministros, directores de instituciones, técnicos, periodistas y representantes de Organizaciones No Gubernamentales (ONG).
Es la primera vez que un Gobierno se preocupa por lanzar un programa de lucha contra el hambre. Una tarea que hasta ahora han realizado organismos no gubernamentales. Estos dicen estar dispuestos a participar en la iniciativa oficial; aunque miran con escepticismo el Programa Hambre Cero.
El proyecto gubernamental duraría cinco años y consiste en darles a 75 mil familias de las zonas más pobres de Nicaragua un Bono Productivo Alimentario —con un costo de 2 mil dólares— que sería manejado por una ONG. El bono consiste en una vaca, un cerdo, cuatro aves de corral y materiales para la construcción de corrales, porquerizas y potreros.
Además se entregarán semillas para el cultivo de árboles frutales y plantas para el alimento de los animales. Se entregará a cada beneficiario un biodigestor, créditos y capacitación técnica. Para garantizar la buena administración de estos bienes, según los organizadores, serán las mujeres quienes recibirán los beneficios.
“A corto plazo, el Bono Productivo aspira a que cada familia nicaragüense tenga en su mesa leche, carne, huevos, frutas, verduras y cereales, es decir, los mismos productos que tienen las mesas de los países desarrollados”, según afirman los organizadores.
¿ASISTENCIALISTA Y POLITIQUERO?
Pero los expertos temen que Hambre Cero se convierta en un programa asistencialista y politiquero. Un funcionario de una ONG, que trabaja en proyectos de lucha contra la pobreza y que prefirió el anonimato, dijo que existe escepticismo por el secretismo con que se ha manejado el programa, sin permitir mayor participación de la sociedad civil, los líderes de las comunidades beneficiadas y organismos no gubernamentales.
Entre los temores está que el programa se haya planteado sin tomar en cuenta la realidad de las zonas, las características socioeconómicas, forma de organización y cultura.
“Existe el temor de que sea meramente asistencialista, no orientado al desarrollo. Se teme que las ONG sólo sean vistas como ejecutoras y que el Gobierno no aproveche la experiencia que tienen en estos temas. Además, no hay claridad del Gobierno, y el programa se ha desarrollado de forma desorganizada”, dijo la fuente.
En eso coincide el economista y especialista en formulación de políticas públicas, Felipe Molina, quien asegura que la falta de información acerca del programa puede ser un arma de doble filo que no permitiría alcanzar los objetivos que supuestamente tiene planteado: acabar el hambre y paliar la pobreza.
Entre las incógnitas que se plantea este catedrático de la UCA está la duda de si el programa está dirigido a los sectores más vulnerables que no tienen recursos en su tejido social y que requieren ayuda alimentaria de emergencia o si es un proyecto inclusivo que dará recursos para que esas comunidades generen recursos para alimentarse.
“La segunda disyuntiva es la cobertura. ¿Cuáles fueron los criterios que se utilizaron para definir la cobertura de este programa? En Brasil, por ejemplo, se utilizó un censo de población que se realizó en el 2001, sobre el nivel de vida, y que permitía con algún grado de exactitud ubicar esas poblaciones”, explica Molina.
A su vez, indica que en el caso de Nicaragua los dirigentes del programa podrían auxiliarse en el mapa de pobreza del país, el mapa de uso de suelos y obligatoriamente deberían discutir sus alcances con la sociedad civil.
“Uno de los secretos del éxito de este tipo de programas, que lo ha planteado la FAO en Brasil, es que además de intersectorial, tiene que ser con la participación de la sociedad civil y el empoderamiento de las comunidades a quienes se dirige”, agrega Molina.
Aunque Molina no se atreve a hablar de fracaso aún, de continuar la dinámica de improvisación que ha tenido el Gobierno en sus medidas, “va a requerir de continuos ajustes que no serían necesarios si se incorporara a la sociedad civil en momentos más tempranos del programa”.
EN AÑO PREELECTORAL
El próximo año los 153 municipios del país elegirán nuevas autoridades. La maquinaria de los diferentes partidos se prepara para lograr la mayor cantidad de municipalidades y los expertos temen que Hambre Cero pueda ser utilizado con fines políticos.
Gerardo Gutiérrez, director del programa Salud y Proyectos de Acción Médica Cristiana, explicó que existe el temor de que el programa sea utilizado como anzuelo para atraer votos en las municipales del próximo año o para manipular a los pobladores de las zonas beneficiadas.
Gutiérrez explicó que Acción Médica Cristiana asistió con programas de desarrollo a las poblaciones del Río Coco, que hace unos años sufrieron la plaga de ratas. La ayuda incluía semillas para reponer los cultivos destrozados por la peste. El éxito del proyecto llevó a dirigentes del partido Yatama a adjudicarse ante la población parte del trabajo, con el fin de lograr respaldo electoral.
Esta experiencia ha hecho que esta ONG decidiera no participar como organización ejecutora de Hambre Cero ni manejar fondos del Estado. Gutiérrez dice que no quieren “contaminarse” con el juego político nicaragüense o ser manipulados políticamente.