MAYWEATHER GANA SIN BRILLO PERO SIN DUDAS
Ganó Floyd Mayweather por decisión dividida, sin ruido y sin furia, pero también sin dejar dudas.
Quedó comprobado que Oscar De la Hoya no es más aquel peleador impetuoso, preciso, desbordante, capaz de mantener de pie a la clientela.
No fue la pelea de ribetes espectaculares que habíamos dibujado en nuestra imaginación, pero sí resultó lo suficientemente interesante para mantener los corazones agitados.
Floyd Mayweather Jr. no necesitó deslumbrar para superar a un esforzado De la Hoya, confirmando que su presencia en la cima del boxeo, como el mejor libra por libra, está plenamente justificada.
Más que la rapidez de manos de Mayweather, sus admirables reflejos y facilidad para desorientar con diferentes movimientos, impresionó verlo retar el poder de golpeo de un rival que le llevaba clara ventaja en peso, quedándose cerca, aceptando cambios de golpes, y manejarse en las sogas sin alterar sus nervios.
No hubo cortes ni caídas y las situaciones de agobio fueron escasas. Eso, frustró a la multitud ansiosa de presenciar coraje bajo fuego.
Como Sugar Ray Leonard frente a Roberto Durán en la primera pelea, Mayweather no utilizó sus piernas veloces para escapar, proyectarse desde atrás y moverse por los costados. Decidió, tomando riesgo, pelear sin temor a los escopetazos de Oscar y quedarse en un plano que teóricamente no le favorecía.
Y logró asentarse mientras comprobaba que podía asimilar el poder de su rival y asumir responsabilidades incluso yendo a las sogas, sin preocuparse de los amarres.
Esa arrogancia que nos sorprendió, se apoyó en una exuberante confianza y le permitió establecerse en el centro del ring, recurriendo a su rapidez y habilidad, sólo en casos extremos.
Muy temprano, en el cuarto asalto, mientras sujetaba el puño derecho de Oscar, Mayweather soportó sin inmutarse, golpeo abajo con ganchos de izquierda y en el round seis “tragó” una poderosa derecha al rostro, regresando con una combinación.
Sorprendió que De la Hoya terminara adelante en una de las tarjetas 115-113, en tanto Mayweather triunfaba por cuatro y dos puntos en las otras, 116-112 y 115-113, evitando una injusticia.
Definitivamente, Mayweather es el púgil más difícil de vencer en el boxeo actual, pero sigue siendo gris para el espectáculo. Carece de la espectacularidad que siempre mostraron Leonard, Chávez, Durán, Hearns, y tantos otros, entre ellos Oscar.
Ni modo, así hay que aceptarlo. Él está ahí para ganar, de diferentes maneras, sin sentirse comprometido a hacerlo con brillantez cegadora.