Gane quien gane las presidenciales mañana domingo, la socialista Ségolène Royal o el conservador Nicolas Sarkozy —el favorito de los sondeos—, una nueva generación llega a la cabeza de Francia, a tono con el deseo de cambio profundo del electorado.
Sarkozy, con 52 años, o Royal, con 53, sucederá a Jacques Chirac, que, a los 74 años y uno de los líderes más veteranos de Occidente, optó por no aspirar a un tercer mandato después de doce años en el Elíseo y más de cuatro décadas en la política.
Más allá de la izquierda y derecha que representan y de los valores que intentarán poner en práctica, Sarkozy y Royal son en sí mismos una bocanada de aire fresco en la clase política de este país, muy conservadora y a menudo alejada de los problemas reales de los ciudadanos.
Sarkozy derrotará a la socialista Royal el próximo domingo al conseguir un 55 por ciento de los votos frente al 45 por ciento de su adversaria, coincidieron los dos últimos sondeos publicados en Francia el viernes, poco antes del cierre de la campaña.
Según estas encuestas realizadas por los institutos Ipsos y BVA, los franceses estiman que Sarkozy fue el candidato más convincente en el debate en televisión que ambos finalistas mantuvieron el miércoles, lo cual aumentó su ventaja con respecto a Royal.
Circunstancia rara, los dos institutos coinciden en sus cifras. Sarkozy conseguirá un 55 por ciento de los sufragios y Royal un 45 por ciento en una segunda ronda que registrará una altísima participación como ocurrió en la primera vuelta, hace 15 días, cuando un 84 por ciento de los franceses acudió a las urnas.
“Pero los franceses adoran dar la vuelta a elecciones previstas de antemano”, advirtió en su edición del viernes el vespertino Le Monde.
“Entre los franceses hay una profunda expectativa de cambio”, dijo Emmanuel Riviere, del instituto de sondeos TNS-Sofres.
Las encuestas indican que entre siete y ocho de cada diez franceses creen que “las cosas van a peor”, están inquietos por Francia en la era de la globalización, se sienten “mal gobernados” y tienen la impresión de que sus dirigentes no han dado con las claves para responder a los problemas del país.
“Los franceses tienen ganas de sangre nueva”, resume la politóloga Mariette Sineau, para quien la generación de Chirac se ha quedado políticamente “sin aliento”.
Es la primera vez desde 1969 que los dos finalistas se estrenan en lides presidenciales, aunque ambos son profesionales de la política: tres décadas para el candidato de la conservadora Unión por un Movimiento Popular (UMP) y un cuarto de siglo para la portaestandarte del Partido Socialista (PS).
Sus perfiles se diferencian de sus predecesores de la V República (que fueron “salvadores” o “herederos”, según el analista Alain-Gérard Slama) y ambos tuvieron que salvar una carrera de obstáculos para hacerse con una estatura de “presidenciable”.
Ninguno de los dos está asociado en la mente del electorado con la forma de gobernar desde hace 20 años, pese a haber desempeñado cargos ministeriales.
Además de su condición de mujer y de acentuar temas de sociedad y de la vida cotidiana —“la vida cara”, la educación, los jóvenes—, Royal ha optado por un modelo de liderazgo nuevo: la democracia participativa basada en “la inteligencia colectiva” de sus compatriotas, que son los “mejores expertos” de lo que les conviene.
Más allá de su forma diferente de enfocar el liderazgo, los dos son considerados por los analistas como más pragmáticos que sus predecesores y menos ideológicos.