Hoy es Día Mundial de la Libertad de Prensa, oportunidad propicia para señalar que los enemigos de la libertad de expresión están en todas partes. Desde China hasta Venezuela y desde Rusia hasta Nicaragua hay quienes tratan de callar las voces que denuncian los abusos y las fechorías de los nuevos dictadores del siglo XXI. Los métodos para conseguirlo son variados. El más primitivo, por supuesto, es el asesinato. Hay países que han alcanzado récords en asesinatos de periodistas. Uno de ellos es Rusia, donde entre 1991 y 2006 fueron asesinados 300 periodistas y desde que Vladimir Putin llegó al poder en el 2000, doce casos de periodistas asesinados han quedado en el misterio. El caso más sonado en los últimos años es el de Anna Politkóvskaya, una crítica acérrima de las políticas del presidente Putin y, particularmente, de las barbaries cometidas por el ejército ruso en Chechenia. Su ejecución fría y brutal el mismo día del cumpleaños del presidente Putin, produjo una indignación de grandes proporciones en todo el mundo. En diciembre del 2005, la periodista rusa había declarado en una conferencia en Viena: “La gente a veces paga con sus vidas por decir en voz alta lo que piensa. De hecho, una persona podría ser asesinada por darme información. Yo no soy la única que corre peligro. Tengo ejemplos que lo prueban”. Y era verdad que los tenía. Pruebas que implicaban al Gobierno ruso en violaciones masivas a los derechos humanos. Hasta la fecha, el asesino material de la Politkóvskaya anda libre y lo más probable es que nunca se sepa su identidad ni mucho menos la del asesino intelectual.
Otro duro golpe al periodismo y a la libertad de expresión fue el asesinato en Nicaragua de nuestro Director Mártir, doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, el 10 de febrero de 1978. La ciudadanía supo quiénes fueron los que apretaron el gatillo de las escopetas que terminaron con su vida, pero no quién dio la orden. En aquella coyuntura política, la mayoría del pueblo apuntó sus dedos contra Anastasio Somoza Debayle. Y es posible que la torpeza política de este dictador lo llevara a cometer una estupidez tan grande. Pero hay quienes atribuyen a otros la autoría intelectual de su asesinato. En todo caso, su muerte favoreció la toma del poder al FSLN porque fue el detonante que hizo explotar la insurrección popular. La mayoría de sectores socio-económicos unieron sus fuerzas para realizar manifestaciones masivas, protestas, huelgas insurreccionales que al final dieron al traste con la dictadura somocista el 19 de julio de 1979. Sin embargo, los matones del doctor Chamorro Cardenal nunca revelaron la identidad de la persona que les contrató.
El asesinato de periodistas es un ataque brutal contra la libertad de expresión y busca, además de silenciar a la propia víctima, crear terror en el resto del gremio para que se abstenga de publicar y criticar; de investigar y remover información contraria al régimen. Sin embargo, la libertad de expresión no se ataca solamente con el asesinato sino también por medio de coacciones económicas y el cierre de los medios de comunicación. El dictador venezolano Hugo Chávez, por ejemplo, ha decidido cancelar al canal RCTV que opera en Caracas, porque supuestamente apoyó un frustrado golpe de estado en su contra. El argumento del coronel Chávez es revanchista y, de paso, constituye una abierta amenaza contra el resto de medios de comunicación venezolanos de línea independiente, para que no critiquen su gestión ni expresen criterios en contra de sus políticas porque sus empresas podrían correr la misma suerte.
Otro presidente que parece ir tras los mismos pasos de Chávez es el ecuatoriano Rafael Correa, el cual bien temprano ha comenzado a amenazar a los medios de comunicación de su país. Y en Nicaragua Daniel Ortega no cesa de atacar a los más importantes medios independientes, LA PRENSA y el Canal 2 de televisión, lo que hace temer agresiones directas en el próximo futuro, como las que perpetró durante su primer gobierno, de 1979 a 1990. Pero seguimos y seguiremos en la lucha por defender la irrenunciable libertad de prensa, madre y señora de todas las demás libertades y derechos.