El futuro de la interconexión energética en Latinoaméricatodavía depende de la voluntad política y de los marcos legales
Con 10 por ciento del petróleo, 4.3 por ciento del gas natural, 1.6 por ciento del carbón y 22.7 por ciento de la potencia hidráulica mundiales, según datos del Consejo Mundial de Energía, América Latina es una región que posee condiciones ideales para desarrollar una cadena de abastecimiento energético de bajo costo y alta seguridad. Y mejor aún: tiene un enorme potencial por explorar.
Esas ventajas han llevado a distintos analistas a predecir que la integración energética podría ser tan importante para la región como lo fue la Comunidad del Carbón y del Acero para la consolidación de la Unión Europea.
POLÍTICA VS. INVERSIÓN
Pero, pese a ese potencial, la región parece ir en la dirección opuesta.
El escenario actual muestra crisis de abastecimiento e interrupción de exportaciones, en parte provocadas por decisiones políticas que dejaron a los inversionistas con un pie afuera de la región. Es un cuadro grave, sobre todo para los países dependientes de los recursos naturales de sus vecinos.
Por ejemplo, Chile, que importa dos tercios de la energía que consume, vio reducido el abastecimiento de gas desde Argentina, que restringió sus exportaciones para hacer frente a la demanda interna y a las fluctuaciones de las importaciones de Bolivia. Son problemas que no están superados.
“Aunque hoy Evo Morales esté firme en el Gobierno de Bolivia, la duda es cómo terminará la reorganización del sistema productivo tras la nacionalización de los hidrocarburos”, dice Jorge La Peña, director del Instituto Argentino de Energía, en Buenos Aires.
EL CASO BOLIVIANO
El caso boliviano marca el peso creciente de las compañías estatales de energía en los proyectos relacionados a la integración.
“El fortalecimiento de las empresas estatales de energía no es algo malo en sí, pero necesita venir acompañado de más eficiencia y dinamismo”, dice Álvaro Ríos Roca, secretario general de la Organización Latinoamericana de Energía (Olade), en Quito.
Menos pirotecnia y más estudio es lo que aconsejan también los analistas para proyectos como el Gasoducto del Sur, que pretende unir Venezuela, Brasil y Argentina con inversiones de más de 20,000 millones de dólares mediante una alianza entre PDVSA y Petrobras. Y hay otras iniciativas evaluadas positivamente por los analistas.
“La extensión de líneas de transmisión como el Sistema de Conexión Eléctrica para América Central, las negociaciones de la región con México para la construcción de una refinería dentro del Programa de Integración Energética Mesoamericana (PIEM), o incluso los proyectos para incorporar a Perú como agente en abastecimiento de gas de Camisea son factores muy importantes para esa integración”, dice Ríos.
Para Ricardo Sennes, de la consultora de asuntos internacionales Prospectiva, en São Paulo, “hoy se pueden identificar más racionalidad económica y una movilización de actores privados que quieren apoyar esa expansión porque identifican ahí un buen negocio”. Es una buena noticia. Para que la integración energética madure, es fundamental que los gobiernos creen condiciones atractivas para los inversionistas. Sólo así se podrá evitar un apagón en el crecimiento de las economías latinoamericanas.
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