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Hay que elegir, no repetir
El autor es médico

Mauricio Mendieta Herdocia.

Producto de las pretensiones continuistas tanto de Daniel Ortega, como de su socio político Arnoldo Alemán, nuevamente se presenta a la opinión pública el tema de la reelección presidencial.

Para afianzar su poder y conseguir desarrollar su Revolución Bolivariana, el coronel Hugo Chávez impulsó reformas constitucionales y estableció en su momento una asamblea constituyente, con el propósito de legitimar su régimen y garantizarse su permanencia indefinida en el poder.

Sin permanencia en el poder no hay Revolución Bolivariana. De tal manera, que es importante darle un marco de legitimidad y legalidad por medio de reformas constitucionales a esa permanencia. No debemos extrañarnos si observamos las mismas iniciativas tácticas en Bolivia con Evo Morales, o en Ecuador con Rafael Correa.

Ortega irá cambiando paulatinamente las instituciones del Estado y restringiendo nuestras libertades. Ya cambió el escudo nacional y la sede de la casa presidencial y no pasó nada. No nos sorprendamos si el día de mañana amanecemos llamándonos “República Sandinista de Nicaragua”. En la medida que no encuentre una oposición política inteligente, fuerte y valiente, Ortega irá realizando los cambios necesarios para ir profundizando como peón de Chávez la revolución bolivariana.

La oferta económica del coronel Chávez de invertir US$2,500 millones de dólares en una refinería, la cual definitivamente es una inversión con sentido estratégico; no sería evidentemente, para un período presidencial de 5 años; pues, por muy rápido que se desarrollara dicho proyecto, Daniel Ortega la estaría inaugurando muy probablemente meses antes de entregar el Gobierno; y no es la intención de Chávez dejar una refinería de esas calidades y características a alguien que no sea Ortega y no represente sus intereses dentro del contexto de la revolución bolivariana.

El tema de la reelección presidencial en Nicaragua, ha sido un factor que históricamente ha generado inestabilidad y hasta violencia política.

Debido a las mismas pretensiones continuistas que se están presentando actualmente, Zelaya en 1893, estableció la no reelección, pero en 1905 el mismo Zelaya por estas mismas pretensiones la abolió y estableció constitucionalmente el derecho a la reelección presidencial.

En 1944 se formó un fuerte movimiento nacional pro no reelección de parte de toda la oposición, incluyendo al partido comunista de esa época, como respuesta a las pretensiones reeleccionistas de Anastasio Somoza García. Se logró una victoria parcial ya que Somoza no se reeligió, pero puso como candidato al doctor Leonardo Argüello, cometiendo un fraude electoral en contra del doctor Enoc Aguado, candidato de la oposición que fue arrolladoramente el victorioso de dichos comicios.

En su editorial del 1 de noviembre de 1962, Pedro Joaquín Chamorro recuerda su participación en ese movimiento y dice: “recordé que en 1944 frente al Parque Central sufrí la primera herida seria de mi vida, cuando varios soldados del régimen me cargaron a culatazos porque yo, muchacho idealista, gritaba con todos los que gritamos desde entonces, no reelección”.

En 1950 Somoza indulta al general Emiliano Chamorro y éste regresa del exilio bajo la condición, que se establezca la no reelección. Somoza acepta, pero incumple y la mayoría liberal de esa constituyente e incondicionales de Somoza establecen el derecho a la reelección.

En 1956 se da otro movimiento a favor de la no reelección. En septiembre, Somoza García es electo candidato en la convención de León, pero días después es asesinado.

En 1970 surge otro movimiento pero sin éxito, en contra de la reelección de Somoza Debayle, quien finalmente se reelige.

Por estas pretensiones continuistas propias de políticos caudillistas que han alcanzado el poder bajo diferentes formas, la no reelección ha estado gravitando siempre en la vida política de nuestro país; de tal manera, que la no reelección absoluta representa una aspiración histórica de los intereses políticos y legítimos de los nicaragüenses.

Es absolutamente necesario que dentro del proceso de evolución y desarrollo democrático que la nación requiere y con un genuino sentido de misión nacional actuemos e impulsemos con vigor la iniciativa de la no reelección absoluta. Quien fue presidente una vez, no debe volver a serlo, bajo ninguna circunstancia.

El caudillismo es antidemocrático y el continuismo ha demostrado ser antagónico al institucionalismo. En la medida que las personas permanecen y tratan de perpetuarse en el poder, terminan por debilitar y deformar las instituciones, para hacerlas que funcionen a favor de sus propios intereses y beneficios. Las instituciones públicas sólo se desarrollan y consolidan cuando hay renovación y cambio de los personajes que las dirigen.

Nuestra democracia se nos está escapando de las manos y corremos el riesgo de caer nuevamente en una dictadura de corte familiar.

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