Lograr un ambiente económico de alto salario mínimo ha sido una meta aplazada. Pensar que se decide por ley, decreto o acuerdo, es abordar la forma y no el fondo; así sucede con muchos temas importantes, como pueden ser educación, salud, basura, transporte, organización de la ciudad, etc. Continuamos pensando que con las mismas actitudes y escenarios lograremos otros y mejores resultados.
Dejar de ser un país de bajo salario y ser de alto salario es una conveniencia nacional y meta postergada. Pero haciendo lo mismo y esperar altos salarios, nunca es posible. Los países que han logrado dar el gran paso, las empresas, profesionales, el Estado y ciudadanos han reaccionado en ser más eficientes y menos personas hacen el mismo trabajo; en paralelo se construyó el ambiente legal laboral propicio, flexibilidad en contratar por horas, en la movilidad laboral, removiendo costos y actitudes que son obstáculos. Es decir que los costos laborales escondidos a futuro (incertidumbres) pasan a valor presente. Se equilibra el trabajo, la eficiencia y la rentabilidad. El país gana, el ambiente productivo atrae inversiones y el progreso viene.
Los países que no han cambiado de actitudes de trabajo intentan tener altos salarios, no lo han logrado y pierden el tiempo; el resultado ha sido la inflación, pérdida de inversión, menos empleo y sobre todo una desmejora en las relaciones de trabajo.
En Nicaragua, por enésima vez aparece el tema. Todos coincidimos en esa necesidad, pero ¿Qué hacemos para cambiarla? Y continuamos con las mismas viejas actitudes. Hay desgaste y pérdida de energía tratando de buscar soluciones haciendo lo mismo y que está probado no funciona.
Para dar este gran paso existe temor de parte de los empresarios en ser más competitivo, en cambiar actitudes y prefieren escudarse en la informalidad o inventan otros temores. Igual tanto temor existe en los sindicatos en comunicar a los trabajadores la verdad sobre la necesidad de adoptar nuevas actitudes de trabajo, que no es retroceder. Y en el Gobierno de turno porque la oposición le sube el costo político. Los sectores prefieren escudarse en métodos y actitudes de “aparente seguridad”, sin reconocer los éxitos de otros países y aceptar que solamente con nuevas actitudes de trabajo produciremos nuevos resultados.
Y en este círculo vicioso están muchos temas nacionales, porque hemos preferido durante muchos años continuar buscando culpables, continuar desenfocados, continuar politiqueando, continuar desarrollando una comunicación nacional subjetiva y fuera de la realidad. Hemos pasado décadas en base a falsas esperanzas y engañados que el país se dirige hacia el progreso, hemos vivido pensando que el esfuerzo que hacemos es eficaz y realista.
Lo único que se ha logrado, es sobrevivir, limosnear e ir comiéndose y acabando los recursos naturales. Dejando ir la oportunidad de construir, desarrollar y permitir que cada ciudadano tenga acceso a mejores formas de vida. El esfuerzo de muchos por construir parece opacado por los pocos empeñados por destruir.
Afortunadamente existen muchos nicaragüenses que comprenden esta realidad y aún mantienen las esperanzas en que Nicaragua pueda adoptar nuevas actitudes, nuevos retos; que no todo está perdido. Que hay que vencer el cáncer de la miseria y la politiquería; pues suficiente razón es la que tenemos para con nuestros hijos y conciudadanos, el reto de tener un mejor país.