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La Ley y la Ética
Víctor Manuel Talavera Huete
El autor es Abogado y Notario.

“Querer corregir un abuso antiguo y hacer para ello leyes retroactivas es grave error y camino cierto para acelerar el mal a que el abuso conduce”. (Maquiavelo). “La evolución humana es un progreso fundado en la moral; la moral de un pueblo señala su lugar en la escala de la civilización”. (Eymieu).

Ley es todo precepto dictado por autoridad competente, mandando, prohibiendo o permitiendo algo en consonancia con la justicia y para el bien de los gobernados. Debe ser justa, auténtica, general y obligatoria. En sentido amplio, es necesaria para la convivencia humana, ya que no se concibe la subsistencia de una sociedad organizada carente de norma jurídica.

La ley es buena, si se usa de ella conforme al propósito que tiene. Ninguna ley se da para quienes hacen lo bueno, sino que se da para castigar a los que hacen cosas que van en contra de la sana enseñanza.

Y la ética es la ciencia de las buenas costumbres, de las buenas acciones. Parte de la filosofía que se ocupa de la moral y de las obligaciones del hombre.

Los principios éticos son postulados que tienen valor por sí mismos y los valores éticos corresponden a las cualidades que enaltecen a un ser humano, como honestidad, solidaridad, responsabilidad, equidad.

Una ética de los valores, expresa Serrano Caldera, exige desde el principio señalar que en buena parte la crisis moral que padecemos se debe a la pérdida considerable de autenticidad y a la adopción mecánica de los paradigmas de la sociedad de consumo que se perfilan detrás de la desconstrucción y fragmentación de los arquetipos de la modernidad.

La ley y la ética son vocablos usados por gobernantes y gobernados en sus quehaceres cotidianos. Con apego a la ley se defienden decisiones cuestionables éticamente. A veces se pregunta qué prevalece, lo legal o los valores Éticos? Ambas, Ley y Ética, constituyen los cimientos en que descansa el ordenamiento legal y moral de la sociedad.

Años atrás el tribuno segoviano, Modesto Armijo Lozano, destacado jurista, diplomático, parlamentario, ministro, magistrado y maestro, expresaba: “La propia ley, sin la coraza de la moral, podía cosechar derrotas”. Y nos relata un hecho trascendental del actuar ético de un funcionario público en la norteña ciudad de Ocotal.

“Fungía como administrador de rentas de Nueva Segovia, en los años 20 del siglo pasado, el doctor Pablo Gutiérrez, quien era un templo donde imperaba la honorabilidad en todo su esplendor y la moral era el único recurso justificativo de que los dineros nacionales abandonaran su recinto. Un día se presentó a su despacho, a cobrar sus sueldos, una persona que aparecía desempeñando al mismo tiempo dos cargos oficiales que imponían la residencia simultánea en la cabecera y en otra población de Nueva Segovia. Los documentos que exhibía estaban debidamente legalizados por lo cual se esperaba la inmediata cancelación. Don Pablo los leyó detenidamente diciendo al interesado que los estudiaría de previo y ante la objeción enérgica del funcionario de que no cabía estudios tratándose de documentos ajustados a la ley, puso remate al diálogo manifestándole con suaves palabras que sólo la posesión del don de ubicuidad podía capacitarlo para el ejercicio de funciones públicas en lugares distintos, por lo cual se imponía la obligación de consultar al superior.

Gutiérrez consultó al Ministro de Hacienda, dado que su conciencia privaba sobre toda jerarquía, explicándole el caso, sin faltar la mención de la distancia y el medio de comunicación entre las obligadas sedes del funcionario, el juicio sobre la imposibilidad del ejercicio simultáneo de ambos cargos y la previa decisión de Gutiérrez de no acatar resolución que autorizara el pago de los dos salarios”.

¿Le asistió o no la razón en esta determinación al doctor Pablo Gutiérrez? Sea cual fuere se impuso el gesto de un leal servidor de la nación, que tan elocuentemente respetaba los fueros de su elevada conciencia.

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