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Nicas trabajan en sector informal
Arlen Cerda
economia@laprensa.com.ni

Ana Adela Manzanares, de 79 años, se despierta todos los días a las cinco de la madrugada para comenzar los quehaceres de la casa y luego, a las diez de la mañana, partir a una panadería a comprar pan, bolillos y repostería que debe vender en diferentes barrios del Distrito VI de la capital. Esa es su rutina de trabajo desde hace más de sesenta años. Es así como se ha ganado la vida.

A diario, debe vender unas 35 reposterías y cinco bolsas de veinte bolillos cada una para ganarse entre 30 y 40 córdobas, lo que apenas le alcanzar para comer, dice. Para pagar las facturas del agua y la luz debe “ingeniárselas”.

En Nicaragua, según el desaparecido Instituto Nicaragüense de Estadísticas y Censos (INEC) ahora Instituto Nacional de Información para el Desarrollo (Inide), el 63.33 por ciento de la población trabaja vendiendo en las calles, planchando o lavando ropa, lustrando zapatos, administrando una pulpería, un puesto en el mercado o alguna microempresa.

Esas personas empleadas en la economía informal son más de 1.3 millones de nicaragüenses, con niveles de educación bajos y sin beneficios del Seguro Social, un salario fijo, vacaciones ni aguinaldo.

BAJOS NIVELES DE EDUCACIÓN

Doña Ana Adela, a quien sus clientes llaman “La Abuela”, sabe “contar, leer y escribir”, pero sólo cursó el primer grado de la primaria.

Desde joven, recuerda, tuvo que salir a planchar ropa ajena, y cuando no pudo más con los trabajos domésticos optó por vender pan pues fue el único trabajo que consiguió para alimentar a sus 13 hijos.

Existe una relación entre el analfabetismo o bajos niveles de educación, con la bajísima calificación de la mano de obra. El promedio ideal de la educación para los países en vías de desarrollo es el noveno grado (tercer año de secundaria), pero en Nicaragua el promedio es hasta el cuarto grado.

El sociólogo Cirilo Otero estima que el problema se agrava porque la mayor parte de la mano de obra calificada emigra en busca de mejores empleos.

Según el Inide, el 40.7 por ciento de los nicaragüenses empleados sólo ha cursado la primaria y otro 29.8 por ciento ha alcanzado la secundaria. Mientras, un 12 por ciento ha llegado a la universidad y un 2.8 por ciento tiene alguna preparación técnica. Incluso, existe un 14.3 por ciento que no ha recibido ningún tipo de educación.

A los nicaragüenses no les falta “ingenio”. El nica se las arregla para llevar la comida a la casa, alimentarse o, siquiera, alimentar a sus hijos. El mercado laboral está dominado por personas que comercializan todo tipo de artículos o alimentos.

Sin embargo, Otero explica que un mercado laboral de dependientes y auxiliares no es parte de la producción de bienes y servicios propiamente dichos y, por tanto, no contribuyen al crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB). “Los empleos en Nicaragua son trabajos accesorios en servicios, sólo dan de comer, pero no son una oferta de trabajo productivo ni sostenible”, enfatiza el experto.

Oficialmente, la tasa de desempleo nacional se estima en 5.6 por ciento. Sin embargo, organizaciones gremiales y expertos aseguran que esta cifra es mayor. Otero calcula que la tasa real de desempleo es del 58 por ciento, si se incluye el subempleo.

“La Abuela” ha terminado su jornada. Son las siete de la noche y el canasto de pan está vacío. Ha trabajo 14 horas, más del doble de una jornada laboral oficial. Se lleva a su casa 40 córdobas.

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