Como el mayor emisor de gases de efecto invernadero, Estados Unidos ha hecho caso omiso de su responsabilidad por el calentamiento global y continúa cuestionando los métodos recomendados para reducir la amenaza climática.
El gobierno del presidente estadounidense, George W. Bush, ha rechazado persistentemente el rol de la actividad humana en el fenómeno, incluso cuando los expertos estiman que la cuarta parte de los contaminantes existentes en la atmósfera y que contribuyen al calentamiento provienen de Estados Unidos.
Sin embargo, presiones provenientes de expertos internacionales, de la opinión pública, de la mayoría demócrata en el Congreso e incluso de la Corte Suprema, han venido socavado esta postura.
A principios de abril, Estados Unidos reconoció el alarmante diagnóstico del calentamiento global y sus consecuencias potencialmente desastrosas, tras la publicación de un informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre la Evolución del Clima de la ONU (IPCC, por sus siglas en inglés), que se reúne desde el lunes en Bangkok para buscar un acuerdo sobre soluciones concretas.
Bush, criticado en todo el mundo por negarse en 2001 a ratificar el Protocolo de Kioto —que busca reducir las emisiones de gases de efecto invernadero— argumentando que suscribir este pacto perjudicaría la economía nacional, ahora afirma que se toma el calentamiento global “muy seriamente”. Pero se ha negado a tomar medidas que no sean meros incentivos, en particular favoreciendo los biocombustibles, para combatir la amenaza climática.
En el Congreso, el ex vicepresidente demócrata y ahora un importante defensor de la causa medioambiental, Al Gore, ha recibido una cálida bienvenida. Han aumentado las audiencias sobre el tema y este verano se someterá a debate un proyecto de ley que pretende combatir el fenómeno.
Un informe emitido a mediados de abril por un equipo de almirantes y generales retirados planteó el asunto de un modo diferente, argumentando que el cambio climático presenta una seria amenaza a la seguridad nacional.
Este estudio describe el calentamiento global como un potencial “multiplicador de amenazas” provenientes de regiones del mundo que ya son frágiles, puesto que exacerbaría las condiciones de pobreza y corrupción, que en última instancia son el caldo de cultivo “del extremismo y el terrorismo”.