Los biocombustibles pueden significar una serie de oportunidades para América Latina, pero si no se implementan políticas públicas adecuadas son también un riesgo para la seguridad alimentaria de los países, advirtió la FAO en un informe preliminar.
En esa perspectiva los biocombustibles “no son buenos ni malos en sí mismos”, sus efectos económicos y sociales dependen del uso que se haga de ellos, según un documento preliminar de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación (FAO).
“Los biocombustibles pueden generar riesgo, pero también muchas oportunidades de desarrollo, especialmente en las zonas rurales, así como efectos positivos para el medio ambiente y un aseguramiento de la seguridad energética para los países y hogares”, explicó José Graziano, representante regional de la FAO.
“Es tarea de los gobiernos desarrollar políticas para maximizar las oportunidades y minimizar los riesgos potenciales”, agregó Graziano.
Dentro de las ventajas, la FAO destacó la oportunidad que significan los biocombustibles para los pequeños productores, así como la seguridad energética de la población.
Su desarrollo puede además disminuir las emisiones de CO2 y mitigar los efectos del cambio climático.
En contraste, los biocombustibles representan una amenaza para la seguridad alimentaria, en caso que los recursos productivos sean desviados del cultivo alimentario hacia el cultivo energético.
Según la FAO, en América Latina y el Caribe la utilización de tierras podría subir de 150 millones a 244 millones de hectáreas.