Ahí estaba yo, justo en la raya amarilla, al centro de la vía que va de la rotonda de Bello Horizonte hacia la Iglesia Pío X, sintiendo que los vehículos que circulaban a gran velocidad me soplaban los pelos.
Nervioso por la inexperiencia sostenía con firmeza los mangos de la silla de ruedas de Gustavo Rueda, con quien me disponía a llegar hasta el otro lado en busca de una sucursal bancaria. Gustavo también estaba nervioso. Repetía continuamente que me detuviera o que hiciera la silla de ruedas un poco hacia atrás porque se lo podían pasar llevando. Y es que a pesar de que él hacía señas con las manos solicitando a los conductores que nos cedieran el paso, la respuesta era negativa. Pasaron tres, cuatro, cinco y hasta diez vehículos sin lograr la cortesía deseada.
Después de varios minutos que parecieron eternos… ¡Aleluya! Un vehículo particular se detuvo y encendió las luces de forma intermitente. Entendí que nos estaba cediendo el paso. Dudé un poco al ver que un taxi se acercaba velozmente tratando de pasar al lado del automóvil. Pero ¡milagro!, también se detuvo, el conductor sacó la mano por la ventanilla y nos indicó que podíamos pasar.
Una vez a salvo y con una palidez evidente en el rostro, nos dirigimos a la sucursal del Banpro. El agente de seguridad que estaba en la puerta, al ver que queríamos entrar pero que no sabíamos por dónde, me dijo que acercara la silla a la primera de las tres gradas que estaban frente a nosotros.
“Yo le ayudo. Hágalo hacia atrás y levantémoslo al mismo tiempo”, me dijo.
Antes de que iniciáramos el procedimiento orientado, Gustavo se opuso rotundamente.
“¡No, mejor no!”, dijo casi gritando. “Me pueden botar, mejor voy a buscar otro banco que tenga una rampa de entrada”, agregó con la respiración agitada.
El agente soltó la silla de ruedas, dio un paso hacia atrás, se encogió de hombros y adoptó la postura militar en la que estaba cuando llegamos.
El Banpro fue el segundo sitio que visitamos ese día en la misma zona. Minutos antes, Gustavo intentó ingresar a la Óptica Münkel, ubicada un poco hacia el Este. Estuvo frente a las gradas por largo rato intentando entrar, nadie salió y ningún transeúnte le ofreció ayuda. Entré a la óptica y un joven muy amable se ofreció para atenderme.
“Yo no necesito ayuda, pero él quiere consultarles algo”, le dije, señalando hacia afuera.
El joven salió y le preguntó a Gustavo lo que deseaba. Éste, un poco abrumado por el calor y la impotencia le dijo que quería saber el valor de un examen de la vista y el costo del marco más barato. Éstas y otras preguntas fueron contestadas ahí, prácticamente en la calle. Fue técnicamente una consulta al aire libre.
Yo me acerqué y le pregunté por qué no tienen una rampa que permita la entrada a personas que usan sillas de ruedas.
—Estamos en eso, yo creo que pronto la vamos a construir porque aquí viene bastante gente en silla de ruedas, nosotros lo que hacemos es subirlos chineados— relató el dependiente de la óptica.
Gustavo Ruedas es el vicepresidente de la Asociación de Discapacitados Físico-Motor (Adifim), filial Managua, y se ofreció como voluntario para recorrer conmigo una serie de lugares con el objetivo de verificar el grado de dificultad que enfrentan las personas que se desplazan en sillas de ruedas para realizar gestiones que resultan cotidianas para un individuo común y corriente.
Cuenta que perdió totalmente la movilidad en las piernas y parcialmente la de los brazos hace seis años cuando se lanzó al agua en una piscina, con tan mala suerte que fue a golpear la cabeza en una de sus paredes, fracturándose dos vértebras de la columna.
¡QUÉ CUMPLAN!
Alma Nubia Baltodano, miembro de la junta directiva nacional de Adifim, expresó que esa organización demanda del Gobierno de la República y de las alcaldías de todo el país, principalmente la de Managua —por ser la ciudad que más personas con discapacidad tiene— que empiecen a cumplir con la Norma Técnica Obligatoria Nicaragüense, basada en la Ley 202, Ley de Prevención, Rehabilitación y Equiparación de Oportunidades para Personas con Discapacidad, la cual establece el marco jurídico que los ampara para hacer de Nicaragua un país accesible para todos.
Esas normas obligan a que todos los edificios de uso público, ya sea estatal o privado, sean accesibles y que todas las nuevas construcciones contemplen los sistemas de accesibilidad en sus diseños. “Si la Alcaldía va a construir andenes, que los haga con rampas y no que tenga que estar rompiendo después para hacerlas accesibles”, dijo.
También demandó que las escuelas que se construyen en las zonas rurales con fondos del Fondo de Inversión Social de Emergencia (FISE) tengan acceso para los alumnos con problemas de movilidad.
Lamentó que la Alcaldía de Managua tenga “engavetado” el proyecto del Metrovía, el que contemplaba facilidades de acceso a las personas que utilizan sillas de ruedas o tienen algún tipo de dificultad para movilizarse.
En cuanto a la compra de los 800 buses que según la Alcaldía de Managua se negocian con Brasil, demandó que al menos el diez por ciento de las unidades (80) tenga sistemas de acceso y espacios amplios en su interior para que se acomoden las personas que utilizan sillas de ruedas.
“La idea que tenemos es que esos 80 buses se distribuyan en las principales rutas y que hagan un plan de horas en que pasarán, para que así las personas que tienen problemas de movilidad sepan a qué hora los pueden abordar y los lugares por donde pasarían”, agregó Baltodano.
Otra sugerencia es que a las unidades actuales se les rotule al menos las dos primeras filas de asientos para que cuando suban personas con discapacidad, tengan dónde sentarse. “Si no va nadie con problemas de movilidad, que se sienten los demás, pero que cuando suba alguien con problemas le cedan el lugar”, dijo.
EN NUEVAS CONSTRUCCIONES
Los edificios construidos en los últimos años cuentan con rampas de acceso y medios suficientes para el desplazamiento en sillas de ruedas. Por ejemplo, los centros comerciales, empresas de servicios, tiendas, bares, hoteles, restaurantes, entre otros. No obstante, la problemática se revive en edificios con más de una década o en los establecimientos que antes fueron casas de habitación y ahora son negocios que ofrecen bienes o servicios.
Según el ingeniero Modesto Rojas Berríos, director general de Medio Ambiente y Urbanismo, de la Alcaldía de Managua, a partir de la Norma Técnica Obligatoria Nicaragüense, la dirección bajo su cargo obliga que todos los edificios nuevos cumplan con esas normas técnicas.
Por su parte el arquitecto Gerald Pentzke Chamorro, director de Urbanismo de la Alcaldía de Managua, dijo que los dueños de negocios que requieren realizar remodelaciones mayores tienen que solicitar un permiso a la comuna y que ellos, antes de otorgarlo, verifican si las obras incluyen los accesos para personas con discapacidad.
Agregó que la Alcaldía de Managua se ha enfocado en garantizar la construcción de rampas en las cunetas de las principales vías de la capital, sin embargo, admitió que les hace falta mucho para cubrir el ciento por ciento de lo requerido para solventar el problema de movilidad en las calles.
El ingeniero Rojas dijo que cuando alguien solicita una licencia comercial para iniciar un negocio, la Alcaldía realiza una inspección en el sitio y si éste no ha contemplado el cumplimiento de la Ley 202 no recibe la autorización comercial.
Señaló además que aprovecharán el período que va de enero a marzo del próximo año, fecha en que se renuevan las licencias comerciales, para exigir la construcción de rampas de acceso al total de negocios que las soliciten. “El que no cumpla no obtiene la renovación de su licencia, y sin ella, tiene que cerrar su negocio o exponerse a multas por trabajar ilegalmente”, advirtió.
ESTADÍSTICAS
Según la Encuesta Nicaragüense para Personas con Discapacidad (Endis 2003), realizada por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC), el 10.25 por ciento de la población nicaragüense tiene algún tipo de discapacidad, lo que representa unas 601 mil personas.
De ellas, el 70 por ciento tiene problemas de movilidad (450,750), o sea que necesitan sillas de ruedas, muletas, bastones, andariveles, o tienen problemas de visión.
El censo también revela que tres de cada cuatro personas con discapacidad tienen problemas de dominio, lo que incluye estar o ponerse de pie, moverse dentro de su propia casa, salir solo del hogar y caminar largas distancias.
El 35 por ciento de las personas con discapacidad manifestó tener dificultades para movilizarse dentro de su propio hogar y el 44 por ciento dijo tener problemas para salir de sus casas sin compañía.