El lente de la simpatía nos hace ver en aumento las virtudes de nuestros atletas y a la vez, esconde o disminuye sus defectos. Pero además, la escasez de figuras suele conducirnos a juicios precipitados y subjetivos.
Cuando Vicente Padilla va al montículo, deseamos que no haya bateador capaz de descifrarlo. Quisiéramos lanzar con él y Dios guarde —como dice mi mamá— si un relevista le echa a perder un juego. ¡Hay que ahorcarlo!
Y de pronto estábamos viendo a Devern Hansack como el fenómeno entre el staff de Boston. Y cuando dijo que se sentía tan bueno como cualquiera de los demás lanzadores, con excepción de Schilling, nos pareció hasta gracioso.
Pero a Padilla le van a batear y duro. Está en el máximo nivel del beisbol, ahí donde el grado de perfeccionamiento es asombroso. Y Hansack es un muchacho talentoso y esforzado, pero no es el fenómeno que desearíamos.
Al menos no, por ahora.
Y ahora que ha sido enviado a Triple A, me he encontrado con opiniones de todo tipo sobre las razones que motivaron su descenso, pero sí tenemos que ser sinceros, debemos admitir que el costeño tenía una competencia muy dura en Boston y era casi imposible que se quedara.
Los Medias Rojas escogieron a sus 25 jugadores ayer y las últimas bajas fueron Manny Delcarmen, un derecho que ha llegado a lanzar la bola a 100 millas y Craig Hansen, a quien han denominado el cerrador del futuro en la organización.
Boston abrirá temporada el domingo, con el que los expertos han denominado como el mejor staff del beisbol. Curt Schilling, Josh Beckett y Daisuke Matsuzaka van al frente de una rotación que también incluye a Tim Wakefield y Julián Tavarez.
El bullpen será encabezado por Jon Papelbon, como cerrador, más Brendan Donnelly, Joel Piñeiro, J. C. Romero, Hideki Okajima, Kyle Snyder y Javier López.
Era difícil para Hansack.