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Nicas en el Exterior >> Noticias
Maria Amanda Gonzalez, junto a sus cuatro hijos Henry, Aaron, Joshua y Chelsea, en las oficinas centrales de la Fraternidad Americana Nicaraguense, ubicada en la ciudad de Sweet Water, donde se permanecen refugiados. (LA PRENSA/ARCHIVO )
Niños nicas en desamparo en Miami
Deportan al padre y su esposa y cuatro hijos quedan sin techo y sin comida en Hialeah
Judith Flores
Corresponsal/Miami
nicasenelexterior@laprensa.com.ni

Con un esposo recién deportado por el Servicio de Inmigración, cuatro hijos que sostener, desempleada y sin un techo donde vivir dignamente, se encuentra la nicaragüense María Amanda González, quien se refugia desde la noche de este lunes en las oficinas de la Fraternidad Americana Nicaragüense, organismo pro inmigrantes que la recogió en una de las calles de la ciudad de Hialeah, en Miami, tras haber sido lanzada a la intemperie junto a sus vástagos.

La Odisea de Amanda y sus hijos Henry (17 años), Joshua (15), Aaron (14) y Chelsea de cinco años, inició la madrugada del 3 de enero pasado cuando autoridades del Servicio de Inmigración, acompañados de la Policía, se presentaron a su apartamento en busca de su esposo, el único sostén económico de la familia.

Entre lágrimas dice sentirse culpable por haberle abierto las puertas a Inmigración. "Lo hice porque no sabía que uno no tiene que abrir la puerta. Su esposo, Jorge Alberto González Aguilar se encuentra en Nicaragua, sin un techo fijo donde albergarse y desempleado.

"Los oficiales de Inmigración me pidieron los pasaportes de mis hijos y el mío, nos buscaron en la computadora para ver si teníamos deportación, y al no encontrar nada nos dejaron y sólo se llevaron a mi esposo.

Jorge González fue amparado por la Ley Nacara, gestión que inició tras la aprobación de la Ley a mediados de los años 90, para obtener la residencia legal y poder traer a su familia a Miami.

"Le pagó al abogado 19 mil dólares, yo pude venir legalmente junto a mis hijos, pero el abogado no terminó de hacer los trámites, cada vez pedía más dinero", relató ella.

Luego su esposo no asistió a una cita en la Corte porque estaba enfermo. "Estaba paralizado, no podía moverse, en esa audiencia el Juez dictó orden de deportación para él", añadió.

Tras la separación forzada de su esposo, Amanda invirtió los pocos ahorros que tenían en el pago de otro abogado para que defendiera a su marido.

"He buscado trabajo, pero no he encontrado porque necesito uno donde yo pueda llevar a mi niña, no tengo quien me la cuide, mis hijos van a la escuela y no pueden dejar de asistir, por su futuro y además porque me metería en problemas con la Ley".

Los recursos se agotaron y Amanda tuvo que vender la camioneta de su esposo para poder alimentar a sus hijos, entregó el apartamento donde vivía porque no podía cubrir los gastos, con la esperanza de recuperar el fondo que entregó al momento de rentar el inmueble, pero el propietario del mismo no le hizo el reembolso.

"El hizo el compromiso de entregarme el dinero del fondo, pero al final me dijo que no y que me quejara donde me diera la gana", relató.

Su cuñado, un hermano de su esposo que reside en Hialeah, le ofreció albergue y semanas más tarde la lanzó a la calle junto a sus hijos, sólo con la ropa que llevaban puesta. "Me corrió porque dice que yo no buscaba trabajo, pero no es así; yo deseo trabajar pero necesito que me acepten con la niña, además ya no tenia ni dinero, ni gasolina para ir a buscar trabajo", explica.

Nora Sándigo, representante de la Fraternidad Americana Nicaragüense, dijo que encontró a la familia González en la calle y sin alimentarse. Lo poco que lograban conseguir se lo daban a la pequeña Chelsea.

Sándigo dijo que Jorge González era el candidato idóneo para ser beneficiado por la Ley Nacara "pero aparentemente el abogado no le dio el trámite correspondiente que el caso ameritaba, y se perdió. Le dieron chance para que arreglara la situación, y la familia de él no respondió y por lo tanto lo deportaron".

"Ella vino aquí cuando el esposo ya estaba detenido, nosotros estábamos listos para dar inicio a los trámites para ver si lográbamos detener la deportación, pero luego recibí una llamada diciéndome que la familia se haría cargo del asunto y al final no fue así. Ayer tuvimos que ir a socorrerla", indicó Sándigo.

La Fraternidad hace gestiones para conseguirle un apartamento a la familia González y amueblarlo. Hoy no cuentan con ni una cama, debido a que en el transcurso de dos meses y medio lo han perdido todo.

Henry, el hijo mayor de Amanda, logró conseguir un trabajo lavando carros pero tendrá que dejarlo debido a que no puede dejar de asistir a la escuela.

"Mis hijos me dicen que diga que ellos tienen 18 años, para poder trabajar y ayudarme, pero no puedo hacer eso, aquí es penado si ellos dejan de ir a la escuela, me duele porque se que ellos me quieren ayudar", se lamentó Amanda.

Tras haber sido lanzados a la calle, Amanda logró comunicarse con su esposo desde la oficina de la Fraternidad. Henry dice que su padre está destrozado.

"Me dijo que se siente impotente y que desea regresarse, aunque sea a pie para ayudarnos", contó.

Pese a las dificultades y las carencias que enfrentan, los hijos de Amanda y Jorge desean permanecer en Estados Unidos, ellos han decido estudiar y forjarse un futuro.

"Sé que esto pasará y queremos seguir estudiando", dijo Henry.

Sin embargo, para lograr ese fin la familia tendrá que permanecer oculta debido a que Jorge, la persona que hizo la petición de la familia para que ingresara legalmente a Estados Unidos, fue deportado.

Al no completar el trámite ante Inmigración, Amanda no pudo ser beneficiada con un permiso de trabajo y hoy la petición realizada ante el Servicio de Inmigración, está en riesgo.

Ellos están esperanzados en la aprobación de una Ley Migratoria. Además desean solicitar un perdón para que Jorge pueda retornar a Estados Unidos.

La comunidad nicaragüense y cubanoamericana se ha volcado para ayudar a la familia González con víveres y ropa. Amanda pide ayuda para conseguir un trabajo y poder sostener a sus hijos, y al mismo tiempo solicita ayuda a empresarios nicaragüenses, para que provean de un trabajo a su esposo.

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