El domingo pasado culminó una jornada de presentaciones de teatro para niños. Por tres semanas, cada domingo en el Centro Cultural Managua (CCM) dos grupos de teatro montaron obras infantiles. El resultado no fue muy satisfactorio.
El primer domingo llegaron 31 personas; el segundo 56, y el tercero 67. A pesar de la rala asistencia los teatristas no se desilusionaron, pues “aunque sea” esas personas llegaron.
—¿Cuánto vale la entrada?
—Treinta córdobas.
—¿Por persona?
—Sí.
—Muchas gracias.
Ese fue el diálogo que entabló la persona que estaba en la taquilla del CCM el pasado domingo, con una señora que llegó al local con la intención de que los dos niños que la acompañaban pudieran ver a los grupos de teatro que ese día se presentaron, lo cual no logró.
“Como el teatro no se ha promocionado de una manera abierta, el hábito hacia el teatro todavía sigue siendo un proceso. La gente no sabe que el artista come, que tiene que comer y no puede regalar su trabajo”, dice Rosa María Matute, directora administrativa del grupo de teatro Fénix, el cual tiene 13 años de existir.
En este sentido César Paz, director del Departamento de Cultura de la Alcaldía de Managua y director del Teatro Estudio de Nicaragua, opina que en Nicaragua no hay promoción ni difusión del teatro debido a que “no existen políticas culturales”.
“Se dice que el teatro es la cenicienta de las artes, a pesar que alberga a todas las artes, porque en una obra de teatro podés meter música, poesía, danza, etc. En los colegios abren espacios para clases de danza, clases de guitarra, pero rara vez se abre un espacio para clases de teatro”, dice Paz.
CULTIVANDO LA ACTUACIÓN
Los grupos de teatro existentes están luchando juntos por la sobrevivencia de ese arte —además de la suya propia— en el país, y lo están haciendo al enseñar sus conocimientos a jóvenes que gustan de esa disciplina del arte.
Teatro Fénix, por ejemplo, ha creado en los últimos años tres grupos de jóvenes aprendices de actuación y procedentes de diferentes barrios de la capital.
Uno de los inconvenientes, según varios teatristas, es que no todos esos aprendices podrán vivir únicamente del teatro, ya que si la situación de esa manifestación artística continúa decayendo no tendrán mucho futuro.
“Aquí hay una escuela de teatro que todavía nos preguntamos cuál es su función, porque adónde van a ir a parar esos graduados, qué van a ir a hacer esos graduados después de esa escuela, si ni siquiera hay un espacio para los teatristas”, reflexiona Paz.
LA SITUACIÓN DE QUI ENES VIVEN DEL TEATRO
Algo en lo que coinciden todos los teatristas es que vivir únicamente de esta profesión es tarea difícil.
Matute, por ejemplo, es una mujer con tres hijos que durante toda su vida ha vivido únicamente del teatro. Ella cuenta que la tarea no ha sido sencilla y que para lograr “sobrevivir” ha tenido que buscar apoyo de organismos no gubernamentales, pues en las instituciones estatales y las empresas privadas del país no ha encontrado apoyo.
Gonzalo Cuéllar, director del Teatro de Títeres Guachipilín, explica que en los 26 años que lleva de existencia ese grupo han tenido que “moverse” mucho para conseguir el éxito y reconocimiento logrado.
“No se puede decir ‘me voy a dedicar al teatro’, y después decir ‘es difícil vivir del teatro’. Obviamente todo trabajo tiene momentos difíciles, pero en ese instante se dice ‘esta es mi pasión y voy a seguir’”, dice Cuéllar.