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Prensa crítica y prensa en crisis
Rubén Darío Buitrón
El autor es docente y periodista ecuatoriano

Una prensa crítica es responsable. Contribuye a la construcción de un país democrático, diverso, consensual, reflexivo, analítico y tolerante.

Junto a sus audiencias lucha contra la corrupción y contra quienes están detrás de ella (partidocracia, poder económico, intereses estratégicos internacionales, ciertos sindicatos, cierta fuerza pública, cierta jerarquía religiosa).

Una prensa en crisis es irresponsable. Contribuye al analfabetismo político de la sociedad, a la desazón general, a la espiral del caos, a la violencia, a la pérdida de credibilidad en las instituciones, al desprestigio de las ideas sociales, a la satanización de la política y los políticos, a la insensibilidad humana, a la frivolidad, al humor burdo.

Una prensa crítica pone en escena los problemas del país con serenidad, calidad y profundidad. Es equilibrada e inteligente.

Contextualiza los hechos, intenta ubicarlos en su real dimensión, muestra antecedentes y consecuencias, investiga cada detalle, no es ingenua, no cae en la trampa de los maquiavélicos con máscara de víctimas.

Una prensa en crisis pone en escena los problemas del país sin pensar en los graves efectos sociales que puede generar una información mal hecha, escandalosa, prejuiciosa, sin equilibrio, con fuentes no confrontadas. Su agenda y su distribución temática tiene una prioridad: hacer daño o ganar raiting.

Una prensa crítica no se deja manipular ni influir. No se considera “cuarto poder” ni intenta dar lecciones de conducta a la sociedad. Es, antes que crítica, autocrítica: reconoce sus errores, trabaja en sus limitaciones, acepta observaciones, no se cree infalible y está en permanente renovación de sus valores democráticos, cívicos y éticos.

Una prensa en crisis se deja manipular e influir. Se considera “cuarto poder” y desde el punto de vista de las excluyentes élites económicas y políticas intenta dar lecciones de conducta a la sociedad.

No es autoanalítica, no reconoce sus errores, se cree intocable y olvida que la credibilidad tiene directa relación con sus valores democráticos, cívicos y éticos.

Una prensa crítica hace pedagogía social. Educa. En ella se reflejan los ciudadanos para debatir con franqueza, expresarse con libertad, integrar un abanico temático e ideológico que refleje todas las corrientes.

Una prensa en crisis no hace pedagogía social. Mal educa. En ella caben la especulación, el sensacionalismo, los hechos mal contados, las fuentes interesadas, los estigmas, la discriminación, el regionalismo.

La prensa crítica asume su rol social e intenta cumplirlo en cada titular, texto, palabra, noticia, opinión. La prensa en crisis no asume su rol social y bloquea el desarrollo nacional y el pensamiento colectivo.

Ambas tienen el derecho a exigir cuentas a los gobernantes, pero ambas también deben rendir cuentas a sus audiencias: la opción es quién hace periodismo para la gente común y quién hace periodismo para el poder.

Los ciudadanos sabrán elegir a quién creer y a quién ignorar.

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