En el competitivo mundo laboral de hoy los empresarios son cada vez más conscientes de las competencias de sus trabajadores como punto de decisión para la contratación, promoción y/o mantenimiento en el cargo.
Las competencias tienen muchas definiciones, entre ellas podemos mencionar: “Conjunto de conocimientos, destrezas y aptitudes necesarias para ejercer una profesión, resolver problemas profesionales de forma autónoma y flexible y ser capaz de colaborar en el entorno profesional y en la organización de trabajo”. (Bunk, 1994). La Comisión de la Función Pública de Canadá definió a las competencias como “conocimientos, capacidades, habilidades y comportamientos que demuestra un empleado en el cumplimiento de su trabajo y que son factores claves para el logro de los resultados pertinentes a las estrategias de la organización”.
En Europa, hace algunos años un grupo de expertos en el campo de la educación se reunió en torno al proyecto Tuning, organizado por algunas universidades como: la Universidad de Bruselas, Universidad de Ámsterdam, Universidad de Toulouse, Universidad de Salamanca y de Barcelona, entre otras. Dicho proyecto tenía como propósito identificar mediante consultas con empleadores, egresados-trabajadores, autoridades universitarias, gobiernos y miembros de la sociedad civil, cuales eran las competencias que necesitaban los trabajadores para enfrentar los retos laborales. Gracias a este esfuerzo conjunto se ha encontrado una serie de competencias consideradas como deseables; entre ellas: capacidad de análisis y síntesis, planificación y gestión del tiempo, capacidad de aprender, resolución de problemas, trabajo en equipo, preocupación por la calidad, etc.
Al reflexionar sobre lo anterior, valdría la pena preguntarse ¿en cuántas de las 47 universidades y de los institutos de formación técnica existentes en el país se está organizando el proceso enseñanza-aprendizaje en torno a la construcción de capacidades para llegar a formar técnicos y profesionales competentes? Bastaría darse cuenta que no se ha iniciado un proceso para identificar las competencias que los empleadores consideran deben tener sus empleados, dado el contexto en que se encuentran nuestras empresas y teniendo presente que el mercado laboral se encuentra en demanda para la mayoría de los y las profesionales. El nivel de desempleo en el país es alto pero los candidatos con mayores competencias para enfrentar el mundo laboral son los que tienen más ventajas para competir por un puesto en las empresas.
Una vez instalado el Consejo Nacional de Evaluación y Acreditación del Sistema Educativo Nacional (CNEA) un análisis que permita identificar las competencias debería ser el punto de partida para iniciar todo un proceso consensuado entre autoridades universitarias a fin de readecuar los diseños curriculares de las distintas carreras que ofrecen.
El eje para estos diseños deberá estar enfocado en los problemas que los técnicos y profesionales tendrán que enfrentar y deberá caracterizarse por utilizar técnicas que simulen la vida real, ofrecer una gran variedad de recursos para que los estudiantes analicen y resuelvan problemas, enfatizar el trabajo cooperativo apoyado por un tutor y abordar de manera integral un problema cada vez.
Dicho análisis también permitiría examinar cuáles de todas esas carreras están obsoletas en nuestro contexto y cuáles nos urgen para sacar adelante nuestro país a fin de hacer atractivos nuestros recursos humanos frente a posibles inversores.
Solamente con una formación orientada a las competencias laborales, nuestros técnicos y profesionales tendrán una preparación más completa, integral y flexible, que permite dar respuesta a las necesidades de los individuos, de la comunidad y de la sociedad.