La noticia del permiso de libre circulación por todo el territorio nacional, concedido a Arnoldo Alemán, aún tiene estupefacta a la sociedad nicaragüense. Un amigo, viejo roble del liberalismo, sin salir aún de su asombro me preguntó ¿hasta dónde piensa llevarnos Arnoldo? Mi repuesta fue: hasta donde nosotros se lo permitamos.
Por eso creo firmemente que llegó la hora de demostrarnos y demostrarle al pueblo cuánto valemos los liberales, que Alemán siga creyendo que continúa teniendo el liderazgo, el carisma y la popularidad de cuando era presidente, no me extraña en lo más mínimo. Pero somos los miembros del Partido Liberal Constitucionalista, acompañados de todos aquellos hombres y mujeres honestos y amantes de la democracia, los que debemos demostrarle que sus días de gloria y de máximo líder son cosa del pasado. Que en la política, a diferencia de la religión, los errores se pagan y el pueblo los cobra caros. No hay que ser inteligentes ni tener una gran imaginación para comprender lo que ese beneficio le costará a nuestro pueblo. Pero tengo plena confianza en mis correligionarios del PLC de que no permitiremos que el PLC se siga hundiendo en el fango y sigamos condenando a Nicaragua a retroceder a un pasado al que la mayoría de nuestro pueblo no quiere ni merece volver a vivir.
A partir de este momento, todos sin excepción alguna, seremos responsables de nuestras actuaciones, me refiero a la directiva nacional, a los directivos departamentales, a los cuadros intermedios, a esa militancia base del partido. Pero por sobre todos los anteriores, confío en mis amigos los diputados de la bancada del PLC. Ya es hora de que todos comprendamos que nuestra única lealtad es con el pueblo que los eligió y ese pueblo espera la creación de leyes justas y que usen su voto para escoger hombres y mujeres probos que cumplan y hagan cumplir las leyes a todos por igual.
Arnoldo Alemán ya está recorriendo todo el país en compañía de sus íntimos seguidores y esta debe ser nuestra gran oportunidad de decirle “basta ya” y, sin temor alguno, exigirle que nos permita reconstruir nuestro partido, que nos permita recobrar la confianza de nuestro pueblo, que nos permita reconciliarnos.
No podemos olvidar lo que sucedió la última vez que los liberales nos dejamos arrastrar por la ambición y las ansias de poder de un máximo líder, me refiero al último Somoza. En esa ocasión los liberales condenamos al pueblo de Nicaragua a vivir la peor época de nuestra historia. Si Arnoldo Alemán, su familia y sus allegados no lo quieren comprender, es nuestra obligación hacérselo saber.
La tarea que tenemos por delante sólo podremos realizarla reunificando las fuerzas democráticas. Por ello celebro y apoyo el esfuerzo de esos liberales que han comenzado a reunirse en los diferentes departamentos demostrándonos que la unidad es posible, que para lograrla sólo tenemos que despojarnos de egoísmos, soberbias, prepotencias, viejos rencores y comprender que tenemos una responsabilidad ante la historia. Responsabilidad histórica que es la de preservar esta democracia que hace escasos diecisiete años nos costó más de treinta mil vidas poderla recuperar.