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La trampa de la unidad
María José Zamora
La autora es psicóloga

Por el gran protagonismo que está teniendo el líder del PLC, Arnoldo Alemán, en los últimos días, y más aún después de su sorpresiva y publicitada visita, el 6 de marzo, a la casa de campaña de la ALN, debo aceptar aunque me duela que la democracia en Nicaragua está destinada a sucumbir.

En estos momentos adquiere preponderancia el artículo titulado: La corrupción y el látigo del desprecio, publicado en LA PRENSA el martes 9 de enero del presente año, escrito por el licenciado Nasere Habed López, el cual guardo en mis archivos como referencia. Dicho artículo es una valiosa lección de moral de principio a fin, que bien le haría a esta sociedad ponerla en práctica. Me permito citar el fragmento que para fundamentar mi opinión corresponde: “Ocurre con cierta frecuencia que los corruptos escapan del peso de la ley; y si son ricos y poderosos pasamos por alto sus fechorías y hasta los adulamos para conseguir favores. Es decir, en vez de castigo, los premiamos con nuestro servilismo. Puede más Don Dinero que Doña Virtud. “Tanto tienes, tanto vales”; parece ser nuestra vara de medir el mérito de los demás y de nosotros mismos. Sin desearlo, somos así cómplices de la corrupción que cada día se profundiza en nuestro país”.

El artículo del señor Habed López es una crítica muy acertada a la conciencia de cada nicaragüense que por miedo, comodidad, intereses personales o indiferencia ha permitido que la corrupción nos gobierne.

Los claros indicios de que el gobierno sandinista llevará a Nicaragua a ser el chivo expiatorio del gobierno de Hugo Chávez, como fue en los ochenta del dictador Fidel Castro; está siendo hábilmente capitalizada por los arnoldistas, quienes nuevamente han desempolvado su discurso antisandinista y se presentan como los paladines de la democracia, la justicia y la soberanía. Para suerte del dúo Alemán-Ortega, parece que la derecha ha mordido el anzuelo y la aceptación de Arnoldo Alemán como un interlocutor más de la oposición, le dará la oportunidad a Daniel Ortega de desacreditarlos a todos metiéndolos en el mismo saco con Alemán. Por otra parte esto no garantiza que el PLC legisle junto a la oposición, puesto que tiene la excusa de que su líder está condenado injustamente y así justifican seguir negociando con el FSLN, con quienes a fin de cuentas comparten intereses políticos y económicos.

Siempre he creído que la propuesta de unirse a un PLC dirigido por el arnoldismo es una trampa para que la oposición liberal pierda credibilidad. No considero congruente ni posible combatir la corrupción del pacto con más corrupción.

Me decía un caballero, con quien comentaba el tema de la unidad liberal, que ésta sería un hecho, aún sin unirse como partidos, si sus bancadas rechazan la reelección y suben a 50 el porcentaje para ganar las elecciones. Me pareció una observación muy acertada y además una oportunidad concreta para que se entere la ciudadanía de quiénes en la Asamblea Nacional están honesta y sinceramente comprometidos a no permitir una nueva dictadura.

Siempre he considerado una torpeza mayúscula de los diputados del PLC amarrar el destino de Nicaragua al de Arnoldo Alemán y si ahora votan a favor de la reelección para que su líder no vaya a la Modelo, que la ignominia caiga sobre ellos y que la nueva dictadura sandinista sea otra medalla a la ambición de don Arnoldo Alemán.

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