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Diálogo entre Benedicto XVI y el cardenal Obando
León Núñez
El autor es abogado y escritor

El pasado sábado 17 de marzo asistí a la reunión de la peña El Bejuco. Después que el presidente de la peña expuso sus puntos de vista sobre la situación política del país pidió a los miembros del cuadro dramático que se imaginaran y escenificaran cómo pudo haber sido el diálogo entre el Papa y el cardenal Obando cuando éste visitó recientemente el Vaticano con el objeto de tratar de conseguir que Benedicto XVI le permitiera aceptar el cargo de coordinador del Consejo de Reconciliación y Paz que le ofreció el presidente Daniel Ortega.

El diálogo tuvo lugar en el templo de la aristocracia acoyapina —el Club Social de Acoyapa— en donde los integrantes del cuadro dramático de la peña demostraron tener una desbordante imaginación. Antes de que empezara la función, y para evitar malos entendidos, el presidente de la peña pidió a todos los asistentes que cualquier parecido de la imaginación con la realidad fuera considerado como pura coincidencia.

La obra de teatro empezó cuando —en el preciso momento en que se levantaba el telón— el cardenal Obando, todo lloroso de emoción, entraba al despacho de Benedicto XVI. Al acercarse al Santo Padre se hincó y le besó el anillo. El Papa, colocando la palma de su mano derecha sobre la cabeza de Su Eminencia le dijo: “Levántate y no llores hijo mío”. Inmediatamente se produjo el siguiente diálogo.

Benedicto XVI. “Bienvenido, mi querido Cardenal. Me alegra verlo de nuevo”.

Cardenal Obando. (Secándose las lágrimas con un pañuelo). “Gracias Su Santidad por recibirme. Soy el portavoz de la devoción filial, de la admiración y del inmenso cariño que siente por usted Daniel, la Rosario y el pueblo nicaragüense”.

Benedicto XVI. “¿Usted se pinta el pelo?”

Cardenal Obando. “No, yo no me lo pinto. Me lo pintan”.

Benedicto XVI. “Con el pelo pintado parece que usted tuviera diez años menos”.

Cardenal Obando. “La verdad es que no lo hago por vanidad. Lo hago por razones espiritualmente estéticas”.

Benedicto XVI. “Bueno, ya veo que usted es un esteta, al estilo de la antigua Grecia”.

Cardenal Obando. “Quiero decirle que el presidente Daniel Ortega me ofreció el cargo de coordinador del Consejo de Reconciliación y Paz y yo he venido a suplicarle su consentimiento para aceptar ese cargo. Yo quiero ayudarle al Presidente de la República en su lucha por el pueblo nicaragüense. No se imagina usted cómo Daniel ha cambiado; cómo sufre por la pobreza de nuestro país. Actualmente es otro hombre. Estoy seguro de que ahora disfruta de la mirada benevolente de la providencia”.

Benedicto XVI. “Me alegra la transformación espiritual del presidente Ortega”.

Cardenal Obando. “Yo le puedo asegurar que en Nicaragua Daniel es el defensor más firme de nuestra Santa Madre Iglesia. Para empezar, y sólo para empezar, ya me disparó doce millones de córdobas para la Universidad Católica. Es más, estoy seguro que Daniel va a ser con nosotros más generoso que Arnoldo Alemán, por quien rezamos a diario por su libertad”.

Benedicto XVI. “¿La Universidad Católica es de la Iglesia nicaragüense?”

Cardenal Obando. “No, la Universidad Católica es de mi propiedad”.

Benedicto XVI. (Frotando rápidamente la yema del dedo pulgar contra la yema de los dedos índice y cordial, preguntó) “¿Parece que a usted le encanta la ‘melodía’, que le gustan mucho los reales?”

Cardenal Obando. “A mí no me gustan los reales. Nunca me han gustado. Pero siempre los he necesitado para nuestra labor caritativa y evangelizadora”.

Benedicto XVI. “¿Y a usted le gusta ese cargo de coordinador del Consejo de Reconciliación y Paz?”

Cardenal Obando. “Sí, me gusta. Este cargo me permitiría estar siempre muy cerca de Daniel para aconsejarlo debidamente. La verdad es que para beneficio de nuestra Iglesia y de nuestro pueblo a mí me gustaría que Daniel, Arnoldo y yo fuéramos algo así como los árbitros del destino político de Nicaragua”.

Benedicto XVI. “¿Y cuál es la opinión de los obispos nicaragüenses sobre si usted debe aceptar ese cargo?”

Cardenal Obando. “No creo que la Conferencia Episcopal, por las sutilezas y ambigüedades que impone la prudencia, vaya a ser clara y categórica contra mi decisión de aceptar el cargo”.

Benedicto XVI. “Entiendo”.

Cardenal Obando. ¿Me da el permiso?

Benedicto XVI. “En relación con el permiso que me pide, yo quiero manifestarle que ni se lo niego ni se lo doy. Usted puede aceptar el cargo en su carácter personal, es decir, que lo puede aceptar no como el cardenal Obando sino como el “compañero Miguel”.

Cardenal Obando. “Quiere decir que Su Santidad me dice ni que sí ni que no, o en otras palabras, ni que no ni que sí?

Benedicto XVI. “Usted interprete las cosas conforme su conciencia”.

En este momento cayó el telón. Los miembros de El Bejuco, al salir de la improvisada sala de teatro, se imaginaron que detrás del telón Benedicto XVI se había despedido de Su Eminencia dándole la bendición, circunstancia que seguramente aprovecharía el cardenal Obando para rogarle a Su Santidad que esa bendición la hiciera extensiva tanto al Presidente de la República, don Daniel Ortega, como a su esposa doña Rosario Murillo de Ortega.

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