La presidenta Michelle Bachelet vive su peor crisis política y social causada por un nuevo sistema de transporte público que entorpeció la vida de millones, y se teme que protestas convocadas para el jueves se tiñan de violencia.
En los últimos 19 días la aprobación del gobierno de Bachelet ha bajado seis puntos, hasta un 45 por ciento, según un sondeo del diario La Tercera.
Bachelet regresó el viernes de una gira por Guatemala, México y Canadá, y se enfrascó en largas reuniones con sus asesores. Aún no habla públicamente.
El nuevo sistema de transportes —Transantiago— rige hace 45 días, disminuyó de unos 8,000 a menos de 5,000 los autobuses que apoyados por el ferrocarril subterráneo o metro deben transportar a la mayoría de los seis millones de santiaguinos.
Bachelet y su equipo responsabilizan a los empresarios del transporte del actual caos.
Viajes que duraban una hora, hoy casi se triplicaron, con 2 ó 3 transbordos entre medio y el metro pasó de transportar a un millón de personas a casi dos millones y medio: en horas punta es un sauna, hay desmayos en las estaciones —algunas en un segundo subterráneo y sin aire acondicionado— y en los vagones cunden los manoseos a las mujeres.
“El Transantiago ha sido la peor humillación para los pobres en mucho tiempo”, opinó Benito Baranda, responsable de obras sociales del Hogar de Cristo, una gran organización de beneficencia.
El Gobierno introdujo sucesivas correcciones, anunció más autobuses, pero la situación sigue empeorando y se convirtió en una crisis política, en la que incluso amplios sectores oficialistas se sumaron a las críticas y junto con la oposición demandan cambios de gabinete.