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Ortega teme a los monos, no a los gorilas
Eduardo Enríquez

Últimamente el Presidente de la República ha puesto de manifiesto su terror a los MONOS. Pero no a todas las especies de simios, sino que a algunos. No sé por qué.

Lo que sí llama la atención es que exprese ese temor tan vehementemente, sobre todo cuando el MONO del que habla y al que teme nadie lo ve por ningún lado, está bien lejos, mucho más lejos que otras especies a las que sí se les aproxima, ya no digamos sin temor sino con confianza, cariño y excitación.

El MONO al que dice tenerle terror, por considerarlo “peligrosísimo”, es el MONOcultivo. Pero no a cualquier MONOcultivo, sino específicamente al de la caña de azúcar, de la cual se saca el etanol, un tipo de alcohol que puede ser sustituto de la gasolina en carros preparados para tal fin, pero que incluso cualquier vehículo de gasolina de los que circulan hoy por el país pueden usar una mezcla que lleve hasta el 10 por ciento de etanol y 90 por ciento de gasolina.

El etanol significaría, a mediano plazo, un ahorro en nuestras importaciones actuales de crudo de 21 millones de dólares al año, de una factura de aproximadamente 600 millones.

Pero Ortega, quien ha firmado un muy favorable acuerdo petrolero con Venezuela, que a través de “ingeniería financiera” le dejará en las manos unos 140 millones de dólares anuales que no están controlados por el Presupuesto General de la República, de pronto aparece también como enemigo acérrimo del etanol. Según él, éste se convertirá en un MONOcultivo. Él se imagina que Nicaragua se convertirá en un inmenso cañaveral que producirá etanol para exportar a Estados Unidos “y solucionarle los problemas a los gringos”.

Aparte de que no vendría mal convertirse en exportador de etanol y tener un mercado garantizado, la idea de la caña como MONOcultivo sólo existe en la cabeza del Presidente. Nicaragua tiene la suerte de tener productos que están en fuerte demanda en el exterior como los frijoles, la carne, el maíz, así que no todo mundo se va a tirar a la caña y si se tira es porque va a dar grandes ganancias.

Otro MONO al que el Presidente no le teme es a la MONOdependencia de Venezuela, a la que ahora se le pide hasta para la merienda escolar; y de la que aparentemente espera recibir petróleo barato por los siglos de los siglos. Como si no supiera que la ayuda venezolana pasa no sólo porque su amigo Hugo Chávez se mantenga en el poder, sino porque el precio del petróleo se mantenga alto. O sea que vamos a tener ayuda mientras tengamos que comprar petróleo caro, si se cae el precio se acabó “el amor”. Tampoco le teme a la MONOexportación venezolana.

Pero a propósito de su amigo Chávez, el señor Ortega no le teme a otra especie de MONO, el dictador que actúa como un gorila imponiendo su criterio y creando “leyes habilitantes” para que sólo su palabra valga y sea ley en la nación.

Es cierto que Chávez tiene una gran influencia en Latinoamérica y gana elecciones en Venezuela, pero a costa de dilapidar el patrimonio venezolano con políticas populistas. Pero al gorila político no sólo lo admira sino que le da explicaciones “yo le decía a Hugo que nosotros estamos desarrollando etanol pero de manera racional…”, dijo el jueves.

Otro gorila político que le tiene cariño es Muamar Gadafy, quien lleva más de 30 años en el poder en Libia y se atreve a dar lecciones de democracia directa, pues cree (Gadafy) que no dar el “poder” al pueblo “fue el error del socialismo de los ochenta”.

¡Bien andamos! Ortega le teme a un MONO, aunque sea una alternativa doméstica que aliviaría nuestra dependencia del petróleo, pero le da cariñosamente explicaciones a un gorila político que nos brinda el petróleo mientras se lo compremos caro y le pide lecciones de democracia a otro que ha mandado con puño de hierro en su país durante más de 30 años. ¿Qué falta? ¿Pedirle a Fidel Castro que venga a organizarnos elecciones o que diserte sobre la libertad de expresión?

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