Mi odontólogo, el doctor Randolph Martínez, me ha pedido que escriba sobre Dios. En realidad ya escribí una columna sobre Júpiter (Zeus en la mitología griega), el dios principal de la mitología romana. Dicha columna fue publicada en LA PRENSA del viernes 22 de agosto de 2003 y en ella hice un breve resumen de la leyenda acerca de cómo nació Júpiter, en qué circunstancias se crió, etc.
Los estudiosos de los temas religiosos y mitológicos recomiendan separar a Dios —“ente supremo en poder y saber, eterno en las dos direcciones del tiempo (pasado y futuro) que la razón humana concibe”—, de deidad, que es la divinidad de las religiones politeístas, como eran las de las antiguas Grecia y Roma.
En lo que se refiere a la religión monoteísta cristiana, “Dios, principio y fin de todas las cosas, puede ser conocido con certeza mediante la luz natural de la razón humana a partir de las cosas creadas. Sin esta capacidad el hombre no podría acoger la revelación de Dios. El hombre tiene esta capacidad porque ha sido creado “a imagen de Dios”, se dice en el versículo 36 del Catecismo de la Iglesia Católica Romana. Se trata, obviamente, de un concepto profundamente teológico.
Por el contrario, el entendimiento de la deidad es sencillo. Las deidades fueron simplemente creadas a imagen y semejanza de las personas mortales y por lo tanto tienen sus mismas virtudes y defectos. En lo que se distinguen es en que poseen poderes sobrenaturales y capacidad ilimitada para castigar o favorecer a los humanos.
Sin embargo, a pesar de que se fundan en el culto a múltiples divinidades, las mitologías greco-romanas tienen un dios supremo y un sistema de poder que copia claramente la organización de la sociedad humana. De manera que entre tantas deidades se estableció un orden jerárquico y se designó a una de las divinidades para que estuviera por encima de todas los demás. Y ese rol le correspondió a Zeus en el caso de los antiguos griegos, o Júpiter en el caso de los romanos.
Cabe señalar que ambas palabras denominativas, Zeus y Júpiter, se derivan de una raíz común. Según el diccionario etimológico la palabra Dios del idioma español, se deriva del vocablo griego Theos, que en la declinación genitiva pasa a ser Zeus. Y a través del latín la palabra griega Zeus se convierte en Júpiter.
Por otra parte, una característica fundamental de las creencias religiosas monoteístas, como el caso del cristianismo, es que en ellas Dios es el principio y fin de todas las cosas, antes de Él no hay ni había nada. Mientras que Zeus o Júpiter en la mitología greco-romana —religión politeísta—, tiene una ascendencia claramente determinada e identificada.
En efecto, Zeus es hijo de dos hermanos: Cronos (llamado Saturno por los romanos) y Rea, la madre suprema. Por su parte Cronos es hijo de Urano (el Cielo) y de Gea (la Tierra), a la que engendró él mismo, sin ayuda de hembra. De manera que el Cielo y la Tierra son los dioses originarios y por lo tanto los más antiguos.
¿Y Urano o Cielo de dónde salió? Pues probablemente se engendró a sí mismo. Diodoro de Sicilia, historiador del siglo I antes de Cristo, hizo un enfoque histórico y escribió que Urano fue en realidad el primer rey de los atlantes, un monarca muy inteligente, sabio y civilizador, quien tuvo muchos hijos y después de morir fue identificado con el cielo y deificado como tal.