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Los genocidios en África
Marlon José Navarrete Espinoza
El autor es ingeniero agrícola

Las guerras en el futuro no serán por ideologías o por dominio político, sino que serán por el control territorial de fuentes de agua, de riqueza natural, de religiones, limpieza étnica, es decir que una raza o tribu querrá desaparecer a otra. Todo es el mismo fondo del expansionismo, el hombre sometido por el hombre a la fuerza.

La ambición de poder absoluto ha llevado a cometer los crímenes más atroces de la historia conocidos como genocidio, pero en la última década del siglo XX sobresalen los de Bosnia Herzegovina y Ruanda en África.

Ruanda es conocido como el paraíso africano, que fue visitado por el diablo para destruirlo. En sólo cuatro meses más de 850 mil personas indefensas, civiles de la tribu mayoritaria Tuti fueron masacradas a garrotazos, machetazos y balazos por la tribu rival Hutu, que eran la minoría en el país.

Los llamados países civilizados de occidente no reaccionaron del todo ante la rapidez de los acontecimientos, se quedaron como observadores impávidos frente a una matanza descomunal e inclusive algunos trataron de justificar diciendo que era un país sin petróleo, sin diamantes, sin importancia estratégica y además demasiado poblado, demasiados negros viviendo en condiciones inhumanas.

Ruanda, un país de mayoría católica, fue arrasado por una pesadilla ante un mundo dormido sin respuesta. Había una lista preelaborada en la que se advertía el exterminio y por la radio oficial del gobierno se lanzaban sin cesar mensajes de odio recalcitrante. El silencio de occidente fue una licencia para ejecutar el genocidio e incluso Francia había entrenado y armado a las milicias que cometieron los crímenes. Como siempre la doble moral de potencias del mundo y los verdugos no reciben su castigo, quedando impunes.

Por todos lados había retenes de hombres salvajes, con fría crueldad mataban sin compasión, había ocasiones en que resultaban 60 mil muertos en un solo lugar. Los cuerpos eran apilados unos sobre otros y descompuestos al aire libre, otros eran lanzados en fosas comunes. Los refugiados no tenían seguridad, pues eran alcanzados por los aniquilamientos feroces, las turbas enardecidas y enloquecidas acechaban en las calles y se lanzaban sobre civiles aterrorizados, quienes terminaban muertos.

El exterminio en masa siempre ha sido la respuesta para someter a los pueblos de los grandes dictadores como Adolfo Hitler en Europa, Pol pot en Asia, José Stalin en Rusia y Mao Tse Tung en China continental. Millones, miles, cientos o docenas son muertos o silenciados por la desaparición y la masacre, pero la acción es la misma… el genocidio.

Minorías y mayorías deben convivir en armonía y aceptación mutua con responsable tolerancia, respeto y orden bajo la ley y el derecho que a todos asiste. Cuando se rompe ese derecho se quebranta la paz y sobrevivencia de los pueblos, pero lo más grave es cuando el corazón de los hombres se llena de odio, conduce al desprecio, luego lleva a la violencia y esto genera muerte y destrucción.

Los nicaragüenses tenemos mucho que ver el reflejo de Ruanda y aprender de sus lecciones para que aquí no vuelva a ocurrir otro genocidio peor que los anteriores.

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