Es hoy y todavía no salimos de la sorpresa y al mismo tiempo el júbilo que nos causó la venida inesperada del “compañero presidente y benefactor de la Patria”, Hugo Chávez Frías. Digo sorpresa y júbilo porque nos vino a despertar como con baldes de agua fría, a fin de hacernos recordar la larga y tormentosa era sandinista que duró 11 años a la cual el Papa Juan Pablo II llamó “la noche oscura”.
El domingo 11 de marzo pudimos ver y apreciar el espectáculo en vivo y a todo color de una ópera bufa en la que el maestro y director, experto y ejecutor dirigió y protagonizó la obra con astucia, como la del Fígaro del Barbero de Sevilla. Pero no creo que esta ópera bufa del siglo XXI acerca de una pareja de amor tenga un final tan feliz. Esta obra actual es una trilogía de poder: Hugo, Rosario y Daniel quienes quieren instaurar “el socialismo popular revolucionario” en nuestro país, al igual que Chávez en Venezuela. El compañero presidente Chávez vino a ordenar o —dice él— a aconsejar los “consejos ciudadanos”, los que asegura le han dado buenos resultados en su país. Como buen maestro y director de orquesta cantó a voz en cuello y vociferó contra los vecinos del Norte, gritándoles “gringos go home”, a lo que el coro seguidor repitió el estribillo de siempre, a todas voces: “Chávez, no volvás otra vez”... Tenemos luz, petróleo, refinería, hospitales, bancos... ¿Qué más podemos desear? Pero ¿a cambio de qué? Nada se da a cambio de nada.
No es del todo desconocido para los nicaragüenses el proyecto “socialista revolucionario” que ya fue experimentado sin éxito por los sandinistas, sistema que más bien trajo la escasez de alimentos, elementos para la supervivencia, división en la familia, persecución, exilio; trajo escasez de libertades pero abundancia en violaciones a los Derechos Humanos, trajo la miseria económica, espiritual y moral. Todo esto es lo que conlleva a instaurar un régimen despótico.
Internacionalmente se conoce la actuación de Hugo Chávez en Venezuela, como autor de un régimen autoritario, dictatorial y despótico, escudándose en los “pobres”, en las diatribas contra el imperialismo y el “capitalismo salvaje” y profanando el nombre del mismo Jesucristo quien según él fue el primer socialista. Y asegura: “aunque a los curas no les gusta que diga esto, tengo derecho a decirlo”. Pues Chávez se considera cristiano y justifica con esa retórica populista sus arbitrariedades institucionales, para mantener su régimen, perpetuarse en el poder en su país e imponer su modelo también en el nuestro; creando así con esta práctica una situación despótica como la que el filósofo inglés y economista John Stuart Mill define: “Todo aquello que sofoca la individualidad, sea cual sea el nombre que se le dé, es despotismo”.
Por eso es que nos causó júbilo la visita del compañero presidente Chávez, porque ha puesto al descubierto el virtual acecho que pende sobre nuestra integridad nacional, con la injerencia directa que este extranjero está ejerciendo en nuestra soberanía nacional, la que está siendo violada por el resultado del pacto. Pacto que malbarató el destino de nuestro país, a como lo hizo en el pasado lejano este mismo entonces llamado Partido Democrático y ahora llamado Partido Liberal, quien contrató con Byron Cole la venida de los filibusteros de William Walker. Afortunadamente, el Partido Liberal reconoció luego su error y se unió con el Partido Conservador para combatir juntos al insurgente extranjero y expulsarlo del país.
Es tiempo ahora de que quien malbarató el rumbo de la nación ponga todo su empeño por retornar a la ruta de una genuina y verdadera democracia, uniéndose todos los partidos democráticos, los movimientos políticos y gremiales, así como organizaciones independientes de la sociedad civil, los medios de comunicación independientes y todo el pueblo consciente, para evitar el peligro de caer en la trampa del llamado Socialismo del Siglo XXI.
Las bancadas de los diputados de los partidos democráticos y la Asamblea Nacional juegan un papel primordial en estos momentos. Ellas pueden impedir leyes que favorezcan la instauración de sistemas autoritarios e inconstitucionales.
Desde hace más de dos mil años el filósofo latino Lucio Anneo Séneca nos llama a seguir el ejemplo: “Largo es el camino de la enseñanza por medio de teorías; breve y eficaz por medio de ejemplos”. Sigamos el consejo de este sabio filósofo, sigamos el ejemplo del General de Hombres Libres, Augusto César Sandino, quien luchó por expulsar la injerencia extranjera, en ese entonces enarbolando la bandera a rayas y estrellas.
Ahora el injerencista viene con el disfraz del Libertador.