La Conferencia Episcopal de Nicaragua discutirá en la reunión que sostendrá mañana miércoles 21 de marzo, el problema del cargo público que el presidente sandinista Daniel Ortega le asignó al cardenal Miguel Obando —y éste ya aceptó—, como coordinador del nuevo organismo gubernamental: Consejo Nacional de Reconciliación y Paz.
A nuestro juicio, las opciones de los obispos ante este nombramiento que ha provocado mucha controversia pública y que divide a los católicos nicaragüenses, son básicamente tres: Una, respaldar y hacer propia de la Iglesia la gestión del cardenal Obando en ese cargo gubernamental. Otra, desaprobar que el Cardenal haya aceptado el mencionado cargo gubernamental. Y, tercera, no respaldarlo pero tampoco desaprobarlo, por cuanto el Cardenal está retirado y no necesita la autorización del episcopado nicaragüense para servirle al gobierno sandinista de Daniel Ortega. Pero en este caso la Conferencia Episcopal tendría que dejar claro que en su desempeño como funcionario gubernamental, el cardenal Obando no representará ni comprometerá en ninguna forma a la Iglesia Católica que los obispos representan y dirigen en Nicaragua.
Tal vez en el curso de su debate, que se puede prever será tenso debido a que este problema ha dividido a los obispos, estos podrían encontrar otra posición, pero las tres antes mencionadas son las más probables. Y a nuestro juicio la tercera posic ión sería la recomendable, para evitar que la Iglesia sufra más daño del que ya le han hecho algunos religiosos al comprometerse con la política partidista, en notorio beneficio particular y de los caudillos autoritarios y corruptos que dominan el país.
Pero la Iglesia, como se sabe muy bien, no es únicamente la suma de los obispos, sacerdotes y demás religiosos. Tampoco la Iglesia es sólo una fe, una concepción teológica de la existencia y un sistema moral de vida. La Iglesia católica es eso, ciertamente, pero también es una realidad o un hecho cultural que tiene una dimensión histórica, el cual refleja y al mismo tiempo orienta las pautas del comportamiento de las personas que define la personalidad de la sociedad. En este sentido es que se suele decir que la Iglesia es la religión organizada, y que, en tanto que organización de personas humanas, se ve influida por las buenas y malas costumbres, por las ideas correctas y erróneas, por las grandezas y las bajezas que ocurren cada día y en cada época en la que la Iglesia vive y desenvuelve su existencia. Dicho de otra manera, lo que ocurre en la sociedad y la conducta de las personas se refleja en la Iglesia, y al revés, el comportamiento de la Iglesia oficial, es decir, de su jerarquía, de sus obispos, sacerdotes y otros religiosos, influye en la conciencia religiosa pero también en la actitud política y social de los creyentes.
La Iglesia católica, en la medida en que hace causa común con las mayorías, con los humildes, con los perseguidos, con los que tienen sed de justicia y hambre de libertad y democracia, se fortalece y engrandece. Pero si los líderes religiosos, o algunos de ellos, sucumben a las tentaciones del poder temporal y se identifican con los poderosos, con los corruptos y autoritarios que subordinan la justicia a sus intereses particulares, que pervierten las instituciones democráticas y atentan contra la libertad o la amenazan, inevitablemente la Iglesia se desacredita, se debilita y cede espacio a otras creencias y denominaciones religiosas que la gente ve como más éticas, consecuentes y confiables. Cabe recordar al respecto que los más recientes datos de una firma encuestadora privada y de la institución estatal de estadísticas, revelaron que la proporción de católicos en la población está disminuyendo, mientras que los de otras creencias y denominaciones van en aumento. ¿Por qué?
Seguramente que esa interrogante y todos esos elementos de juicio serán considerados mañana por los obispos de Nicaragua, al discutir el caso del cargo que desempeñará el cardenal Obando en el gobierno del presidente sandinista Daniel Ortega. Y sin duda que los obispos tienen suficiente sabiduría y prudencia para tomar en este caso la decisión que más convenga a la Iglesia que ellos representan y dirigen, y Dios habrá de iluminarlos para que puedan decidir lo que es más justo y correcto.