Para el historiador Aldo Díaz Lacayo, América Latina está experimentando un renacimiento, que se traduce en la conquista de espacios en el ámbito internacional con líderes como Hugo Chávez, Luiz Inácio Lula da Silva o Michele Bachelet. Dice que Nicaragua en la ONU ha jugado un papel de política “subsidiaria” de los intereses de EE.UU., por lo que está dispuesto a cambiar esa situación con una política de lucha por los intereses de los países en desarrollo
Aldo Díaz Lacayo reemplazará en las próximas semanas su despacho en la pequeña librería que regenta en el Centro Comercial Managua por los salones de la máxima burocracia internacional: la Organización de Naciones Unidas.
El historiador y analista fue designado por el nuevo gobierno como su representante ante el organismo, cargo que considera de mucha responsabilidad, sobre todo por lo que él llama un nuevo sistema en el ámbito de Naciones Unidas: el renacer de los países en desarrollo como una nueva fuerza geopolítica, lista a plantarle cara a aquellas decisiones que no los tomen en cuenta.
“El poder mundial está en el Norte, y todos los demás países del Sur están sometidos a él. El Norte quiere preservar su posición de poder y el Sur quiere liberarse de su posición de sojuzgado”, dice Díaz Lacayo, quien critica el papel que los gobiernos anteriores han desarrollado en política exterior y explica que trabajará para “contribuir a la consolidación de la unidad geopolítica del Sur”.
¿Cómo recibió el nombramiento de embajador nicaragüense ante la ONU?
No tenía ninguna expectativa. Durante los últimos 17 años he venido arraigándome tanto, que cualquier expectativa (de un nombramiento) estaba fuera del exterior. Y cuando me dieron la primera información en cuanto a la posibilidad (del puesto como Embajador en la ONU), yo ni siquiera la consideré. Pero eso fue tomando fuerza y de repente el Presidente hizo el anuncio público, y a partir de eso empiezo a desarrollar en retrospectiva la valoración de la designación.
Es un reconocimiento muy importante y una gran responsabilidad. Y como fue público el anuncio, también ha sido pública la reacción al reconocimiento, y amigos y miembros de los distintos círculos en los que me muevo empiezan a ser solidarios con ese reconocimiento.
Usted ha sido Embajador en México, Venezuela...
Mi carrera diplomática fue muy bonita, muy compleja, muy sui géneris. Yo empiezo mi carrera diplomática en El Salvador. Entonces pasó algo insólito: recibí la Embajada de Somoza. Como una forma legal, hicimos un contrato en el marco del derecho civil, un contrato de depósito. El embajador saliente y yo firmamos ese contrato. El embajador me nombra a mí depositario de los bienes de la Embajada. Como no había relaciones, el gobierno salvadoreño me reconoció el estatus inexistente en el escalafón diplomático de encargado de oficio de los asuntos de Nicaragua en El Salvador.
Después se me asignó el cargo de Embajador de Nicaragua en México. Luego regreso a la Cancillería y me nombran director general. Luego fui Embajador en Venezuela y cuando regresé a Nicaragua me nombran embajador itinerante para América Latina. Al final, fui nombrado embajador en misión especial para abrir la Embajada de Nicaragua en Chile. De manera que tengo una larga vida diplomática en el gobierno de la revolución.
¿Qué siente al regresar a un cargo diplomático?
Es un bonito reto, no sólo para continuar la carrera, sino tal vez para culminarla, porque soy un hombre de 70 años, y aunque tengo una muy buena salud, es una salud precaria, vulnerable porque soy trasplantado de riñón.
Me siento con mucho ánimo, con un espíritu combativo renacido. Tengo confianza de acometer los objetivos en la defensa de los intereses del Sur. Confianza en luchar en este marco de esa defensa para lograr una mejor adecuación de Naciones Unidas hacia el Sur, y, si fuera posible, una reforma en ese sentido.
¿Cuáles son esos intereses de los que habla?
En el ámbito del derecho internacional hay principios que son fundamentales. Unos tienen que ver con la parte interna de cada Estado, y otros con la relación del Estado con el exterior. Ambos son el anverso y reverso de la misma medalla. No están separados, no puede haber dicotomía: independencia nacional, soberanía nacional, amistad con todos lo estados, igualdad jurídica con todos los estados, solución pacífica de las controversias, autodeterminación de los pueblos.
Todos esos principios que son universales, que ningún Estado-Nación los pone en duda, no son efectivos, son letra muerta para el Sur, y el trabajo es simplemente luchar por esos intereses, nada más. El Sur busca que le reconozcan esos derechos.
¿Siendo embajador de un país del Sur en Naciones Unidas cómo trabajaría para lograr el cumplimiento de esos derechos?
Una cosa que es importante subrayar, es que Naciones Unidas nace como una organización verdaderamente democrática, cosa que la gente no sabe, porque creen que Naciones Unidas quiere decir EE.UU. Es una organización universal verdaderamente democrática, porque se erige, se institucionaliza sobre la base de la igualdad jurídica de los Estados: un Estado, un voto; tan sencillo como eso.
La lucha está para que cada vez más asuman los principios del derecho internacional a favor del Sur, y para eso el Sur tiene que pelear. ¿Con qué armas? Con el arma del derecho, de la razón, que son armas fundamentalmente políticas.
En la práctica, unos gobiernos del Sur están comprometidos con el Norte, ya no sólo por razones ideológicas, sino por económicas y principalmente financieras. Los que no están comprometidos con el Norte es porque lograron llegar al poder movimientos populares que reivindican todos los principios que ya mencioné.
¿En este grupo estaría el presidente venezolano Hugo Chávez?
No, eso sería limitar la lucha del Sur a una circunstancia histórica particular. En el Sur los movimientos que lo reivindican y llegan al poder siempre han tenido liderazgos propios, que van cambiando, pero los objetivos son los mismos. Hay un nuevo liderazgo que en el caso de América Latina se expresa en un gran salto en su relación geopolítica con el norte. Ya no se está hablando de una relación bilateral de cada país con EE.UU., sino de la región con EE.UU. Un cambio geopolítico importantísimo, porque implica la conciencia de que estamos formando parte de una sola nación.
El presidente Chávez ha utilizado Naciones Unidas como una plataforma para transmitir su discurso político antiimperialista, ¿esto qué tanto puede beneficiar a la región?
Hay un enfoque limitado en la pregunta. Todos los países utilizan el foro de Naciones Unidas para su propio discurso político. Es el foro político por excelencia, como una Asamblea Nacional en cualquier país, y los partidos políticos la utilizan para su propio discurso. Si oyes en ese foro político universal a alguien del Norte diciendo un discurso a favor de la tesis del Norte, parece normal. Pero cuando sucede lo contrario, cuando un país pequeño se expresa, se le percibe como subversivo. Pero ahora las circunstancias ya cambiaron, ya no es un país pequeño el que se expresa, son grandes sectores geográficos, son conglomerados nacionales, nación regional; lo mismo si fuera África, América, Asia, Medio Oriente.
¿Y qué estrategia va a seguir Nicaragua dentro de este nuevo sistema?
No te puedo responder en términos oficiales. Vamos a luchar en el marco del derecho internacional, en la defensa de los principios del derecho internacional que garanticen no solamente la soberanía y la independencia de los estados nacionales, sino la regional.
¿Cómo mira la representación de Nicaragua ante Naciones Unidas en los últimos 16 años?
No hubo política exterior, ni bilateral ni multilateral. Fue una política exterior subsidiaria de la política del Norte, en general, y de EE.UU. en particular. Las lealtades ideológicas fueron sustituidas por la dependencia económica, y fundamentalmente financiera. Los grupos que gobernaron fueron grupos adheridos a esos intereses económicos financieros, lo que nos hizo plenamente dependientes del Norte. No solamente es el caso de Nicaragua, todos los países del Sur, que se asociaron al neoliberalismo estaban en esas condiciones.
¿Se puede esperar entonces una política más combativa por parte de Nicaragua dentro del foro de Naciones Unidas?
Una política independiente, en el marco de la geopolítica latinoamericana, primero, y después en la geopolítica mundial; siempre con la cobertura del derecho internacional.
Significaría un mayor apoyo a las propuestas que salgan...
Del Sur.
¿Y quién tiene el liderazgo actualmente dentro del Sur como región, en el caso de América Latina?
Venezuela, Brasil, Argentina, Chile, Ecuador, Bolivia... La gente cree que América del Sur son quinientos países, ¡son diez países y dos caribeños! Cuando me preguntas por el liderazgo, quisieras que te respondiera Chávez, pero no te puedo responder eso, porque sería una injusticia con relación a Lula, a Tabaré, a Kirchner, a Bachelet, a Rafael Correa e inclusive a Alan García.
Y cómo se va a hacer sentir ahora Nicaragua...
Nicaragua se asocia al Sur, eso está claro.
¿Buscará Nicaragua un puesto dentro de alguno de los consejos de Naciones Unidas?
Todas las comisiones que tengan un interés específico suficiente para contribuir a la consolidación de la unidad geopolítica del Sur, y a la integración sur-sur, deben ser objeto de búsqueda de liderazgo. Si ese liderazgo lo va a ejercer Nicaragua u otro país del Sur con las mismas características que Nicaragua, no importa. Lo importante es que no esté copado por gobiernos asociados al Norte.
No se identifica con su pariente Adolfo Díaz
Aldo Díaz Lacayo es un ratón de biblioteca: pasa buena parte de sus días encerrado en su librería, entre estantes colmados en su mayoría de títulos nacionales. Ahí recibe visitas de personajes que conforman la vida intelectual nacional, por lo que considera este edificio como un sitio social y políticamente importante en el país.
“Hemos creado en la librería dos instituciones culturales muy importantes, ambas sabatinas. Una que Jorge Eduardo Arellano calificó como la ‘tertulia de Aldo’, y otra, que se realiza el tercer sábado de cada mes, cuando nos reunimos en la plaza de la Sección C para lo que llamamos el Foro de la Controversia, en el que hablamos de un tema particular”, dice.
Estudioso “vocacional” de la historia de Nicaragua, del marxismo, del materialismo histórico, Aldo Díaz Lacayo es pariente del tristemente célebre ex presidente Adolfo Díaz, de quien dice que no se identifica “para nada”.
Adolfo Díaz gobernó Nicaragua de 1913 a 1921. Durante su mandato entregó el país a EE.UU., afirmando que quería hacer de Nicaragua un protectorado norteamericano: concedió el ferrocarril, los bancos, las aduanas y todas las empresas estatales a los banqueros estadounidenses. Durante su período se firmó el tratado Chamorro-Bryan, que establecía la entrega por 99 años del derecho de construcción y administración de un canal interoceánico a EE.UU.
“Adolfo Díaz más que un traidor fue un extranjero en su patria. Se asoció en lo más profundo de su ser con el sistema americano. Creía que ningún país del Sur, sobre todo de América Latina, podría vivir sin EE.UU. No me identifico para nada con él”, afirma el historiador, quien tiene una ideología diametralmente diferente a la de su histórico pariente, oponiéndose al “imperialismo del Norte”.