En las últimas semanas se ha estado hablando y escribiendo mucho acerca de la imperiosa necesidad de que los liberales se unan en un solo partido sin apellidos. Y quien más urgida está de que esto se lleve a cabo lo más pronto posible es la cúpula del PLC, la misma que traicionó a su partido entregándole el poder a su oponente ideológico, el FSLN, que con sólo el 38 por ciento de votos a favor y 62 por ciento en su contra se alzó con la victoria en las elecciones presidenciales del 4 de noviembre pasado, no por culpa de Eduardo Montealegre, que encabezó la segunda fuerza política del país, apoyado, según declaración del propio vocero del PLC, Leonel Teller, publicada por el Diario LA PRENSA del 19 de noviembre del 2006, en que: “Fueron los conservadores y los ingratos del partido los que se unieron para dividirnos. Los grandes contingentes liberales permanecieron con el PLC”. La realidad evidente es que Eduardo Montealegre no sólo fue totalmente apoyado por los conservadores renovados y por los “ingratos” del PLC, sino por la inmensa mayoría de nicaragüenses sin partido o de diferentes partidos que realmente amamos la verdadera democracia con libertad, orden, justicia, alternabilidad en el poder y absoluto respeto a los derechos humanos.
El otrora poderoso PLC apenas logró obtener el 27 por ciento de los votantes y estoy seguro que una gran mayoría de ellos lo hizo engañada por sus líderes, dieron su voto por el candidato del PLC, doctor José Rizo Castellón, merecedor de mi respeto y admiración, pensando que votaban contra el FSLN. Estos miles de votantes merecen conocer la verdad. Los miembros del PLC con mancha rojinegra deberían tener la entereza de quitarse la careta y abiertamente afiliarse al FSLN, a lo cual tienen perfecto derecho. Pero es imperdonable que quieran continuar engañando al pueblo pretendiendo ser liberales sin mancha, que solamente son aquellos nicaragüenses enemigos del continuismo y de cualquier tipo de dictadura.
Debido a lo anterior considero que lo que Nicaragua necesita no es solamente la unión del partido liberal, que es muy importante, una vez que se hayan eliminado las manzanas podridas de la canasta de la unión. Eduardo Montealegre debe tener muy en cuenta la historia del Caballo de Troya y buscar unir a las fuerzas amantes de la verdadera democracia, para lo cual considero indispensable que su aliado, el Partido Conservador renovado, se decida de una vez por todas a salir de la clandestinidad.
La unión ideal para Nicaragua debería comenzar ya en el seno de la Asamblea Nacional, donde los diputados sin mancha rojinegra del PLC, con los de ALN y de MRS y quizás algunos del FSLN, pudieran empezar a demostrar que Nicaragua es primero para ellos, no tomando en cuenta ninguna consigna de líderes interesados en su bienestar personal y en el de sus allegados más cercanos, y dando su voto por los mejores candidatos para Fiscal General y para magistrados de la Corte Suprema de Justicia.