La ex agente de la CIA, Valerie Plame, en el centro de un escándalo político y mediático desde que se reveló su identidad en el 2003, se presentó ayer ante una comisión legislativa como una víctima de la politización de la Inteligencia de Estados Unidos por la Casa Blanca.
“Como profesional de la Inteligencia, estoy muy apenada por la politización rampante e insidiosa de nuestro sistema de inteligencia”, declaró Plame frente a una comisión de la Cámara de Representantes y a un ejército de fotógrafos.
En julio del 2003, cuando el marido de Plame, el ex embajador Joseph Wilson, venía de acusar al gobierno de George W. Bush de haber exagerado la amenaza iraquí para justificar la guerra, la prensa, citando fuentes anónimas de la Casa Blanca, reveló que Plame trabajaba para la CIA.
Leer ese artículo “me causó el efecto de un golpe al estómago. (Mi carrera) se terminó en un instante. E inmediatamente pensé en la seguridad de mi familia, de los agentes extranjeros, con las cuales había trabajado”, explicó la ex agente, que tomó públicamente la palabra sin estar al lado de su marido por primera vez desde el comienzo del caso.
Plame se declaró “conmovida” por los resultados de la investigación sobre las filtraciones, que reveló que su nombre y el de su afiliación a la CIA habían circulado casi libremente entre altos funcionarios de la Casa Blanca y periodistas antes de hacerse públicos “por razones puramente políticas”.