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Luz y sombra en Macondo

La Prensa Literaria de hoy está dedicada al insigne escritor colombiano y Premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, cuyas obras como Cien Años de Soledad, El General en su Laberinto, Amor en Tiempos del Cólera y otras le han reportado un prestigio mundial muy bien merecido. El homenaje a García Márquez es con motivo de su ochenta cumpleaños que celebró el 6 de marzo corriente.

Se dice que García Márquez se ha colocado en el mismo nivel de Miguel de Cervantes y Saavedra, cuya obra principal Don Quijote de la Mancha es considerada como la creación más elevada de la literatura en idioma español. Y al respecto cabe señalar que tanto García Márquez como Cervantes tienen en el buscador informático de Google las mismas aproximadamente un millón quinientos setenta mil entradas, en español e inglés, mientras que Rubén Darío cuenta con alrededor de un millón trescientas mil entradas.

En realidad, los méritos literarios de Gabo son inmensurables, nadie los pone en duda y por lo tanto es merecedor de los homenajes que se le han rendido con motivo de su octogésimo cumpleaños y por el cuarenta aniversario de su emblemática novela Cien Años de Soledad. Sin embargo, además de su brillante imagen literaria, él tiene también una lamentable cara oscura, cual es su afinidad con el dictador comunista de Cuba, Fidel Castro Ruz.

El periodista y académico español de izquierda, Juan Luis Cebrián, justifica a García Márquez en un artículo que se publica hoy en La Prensa Literaria con el argumento de que: “Quienes critican a Gabo su relación con el comandante (Castro) desconocen el significado de la amistad en las tierras calientes y olvidan la pasión revolucionaria que enriqueció la literatura latinoamericana en la década de los sesenta. Para los jóvenes de entonces, la Revolución Cubana era una de las pocas cosas en las que se podía creer, y quien no haya vivido por sí mismo esa experiencia difícilmente podrá entender la huella emocional que el castrismo imprimió entre los intelectuales y artistas de todo el mundo”.

Sin embargo, muchos otros intelectuales de esa misma generación, como por ejemplo el peruano Mario Vargas Llosa, compartieron el fervor revolucionario de la época e igualmente veneraron a Fidel Castro, pero después tuvieron la honestidad y el valor de repudiarlo, cuando el dictador cubano se desenmascaró como conculcador de libertades y derechos humanos y se convirtió en un déspota reaccionario. “García Márquez es un escritor cortesano de Fidel Castro, al que la dictadura muestra como una coartada en el campo intelectual y él se ha acomodado hasta ahora muy bien con todos los abusos, los atropellos a los derechos humanos que ha cometido la dictadura cubana, diciendo que, en secreto, él consigue la liberación de algunos prisioneros políticos”, declaró Vargas Llosa, en mayo del 2002, a la Radio Caracol de Colombia.

Cabe mencionar también que la renombrada periodista y escritora norteamericana de izquierda, Susan Sontag, fallecida en diciembre de 2004, a pesar de que era una acerba crítica del presidente Bush y amiga de todas las causas progresistas, también fue defensora inclaudicable de la libertad y criticó a García Márquez por su silencio ante los fusilamientos de tres personas que trataron de escapar de la isla cárcel y la imposición de penas de prisión de hasta 28 años a periodistas independientes e intelectuales disidentes, hechos oprobiosos que ocurrieron en marzo de hace cuatro años. “Admiro a Gabriel García Márquez como un gran escritor, pero no me parece correcto que guarde silencio ante lo que está ocurriendo en Cuba”, dijo Sontag, y agregó que “algunos escritores eligen entrar en la arena pública y no quedan bien parados. García Márquez, por ejemplo, me parece un gran escritor, pero no estoy de acuerdo con sus planteamientos políticos. Lo importante no es juzgar a los escritores por lo que dicen, sino saber que eso no necesariamente es verdad”. En esos mismos días y por la misma razón, el escritor comunista portugués, también Premio Nobel de Literatura como Gabo, José Saramago, rompió con la dictadura de Fidel Castro.

Gabo en cambio, a sus ochenta años sigue extraviado en el laberinto del tirano y las mariposas amarillas (presos de conciencia) que no vuelan liberadas, no le perturban la conciencia.

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