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Balance de dos giras presidenciales
Alvaro Taboada Terán
El autor es Ph.D en Estudios Internacionales. Catedrático de Ave Maria College.

La efectividad del viaje del presidente de Estados Unidos, George Bush, por Iberoamérica y la del “contra-viaje” del presidente venezolano Hugo Chávez, podrá evaluarse por el peso económico-político de los países visitados, por el tipo de propuestas de los mandatarios, por las negociaciones y por su estilo (éste revela mucho de la substancia). Los observadores coinciden en que la gira regional del presidente Bush (por Uruguay, Brasil, Colombia, Guatemala y México) llegó tarde, pero no demasiado tarde. Señalaba Arturo Valenzuela, ex-funcionario del gobierno Clinton y fuerte crítico del gobierno Bush, que la gira de éste dejará semillas pero que tocará cultivarlas a su sucesor.

El estrechamiento de las relaciones estadounidense-iberoamericanas ocurre tras un largo período de relativo olvido de esta región, pues Estados Unidos ha priorizado otros escenarios. Pero, a pesar de la segundona posición de Iberoamérica en la agenda estadounidense, la relación interregional fue y es importante como se indicará luego. Ante esta realidad, el presidente Bush representó serenamente los intereses de su país, mientras reconocía las necesidades de otros Estados sin brindar promesas incumplibles. Los temas centrales de su gira fueron, era de esperarse, integración económica, cooperación energética (tema que sentó las bases para la cooperación estratégica con Brasil) y asuntos migratorios.

El acercamiento con Uruguay y Brasil fue evidente, pues ambos tienen mucho que intercambiar con Estados Unidos. Sus gobernantes son social-democrátas genuinos, distantes de los dictadores radicales tercermundistas. El presidente uruguayo tocó el tema migratorio y abogó por una mayor apertura comercial mutua, más justa en el rubro agrícola, vinculación que no excluye (así lo considera también Estados Unidos) a los procesos de integración sudamericanos. En México, Guatemala y Colombia, el clima de acercamiento fue igualmente claro dentro de los planteamientos propios de cada parte (migración, seguridad, lucha contra el narcotráfico y la narcoguerrilla colombiana, apertura comercial, intercambio educativo). En cuanto a clase y compostura, el presidente Bush ni siquiera mencionó al comandante Chávez a pesar de las incitaciones periodísticas. Se limitó a decir que Estados Unidos busca puntos de coincidencia y no de divergencia.

En resumen, el presidente Bush estableció las bases para estrechar vínculos con los países iberoamericanos de mayor peso político-económico: sólo Brasil tiene un Producto Interno Bruto (PIB, en dólares) de 1,600 millones de millones. México llega a 1,100 millones de millones, comparados con los 26,000 millones de Bolivia, los 57,000 millones de Ecuador, o los 153,000 millones de Venezuela, cuya economía petrolera mal manejada y poco transparente, ha aumentado la pobreza y tiene la inflación más alta del hemisferio. Chile (no incluido en la gira, pero buen socio comercial, con excelentes relaciones con Estados Unidos) tiene un PIB de 188,000 millones y un PIB per cápita de $11,500, comparado con los $6,100 de Venezuela. Lo expresado permite evaluar la gira del presidente Bush en este aspecto.

Por su parte, el comandante Chávez signó su gira con fuertes y repetitivos discursos antiimperialistas. Mucho verbo y poca substancia. Chávez se ha vinculado con los países más pobres de la región, los más influenciables por él: Haití, Nicaragua, Bolivia y Ecuador. En el caso de Argentina, el Comandante Chávez (que visitó Buenos Aires mientras el presidente Bush estaba en Brasil) puede encontrar puntos de coincidencia con el presidente Kirchner, pero es muy difícil que lo embarque enteramente en su proyecto bolivariano. Chávez ya recibió un sonoro revés de Argentina y Brasil tras proponerles irresponsablemente un programa de cooperación nuclear con Irán. Además, es difícil que Argentina (con mayor peso que Venezuela y con viejos sueños de liderazgo) se ate al bolivariano carretón chavista.

La diferencia básica de los resultados de la gira de ambos mandatarios estriba en dos puntos. 1.- La abismal diferencia entre los beneficios regionales obtenidos del intercambio con Estados Unidos, y lo que puede ofrecer Venezuela. Las exportaciones de Iberoamérica hacia Estados Unidos sobrepasan los 220 mil millones de dólares anuales, las inversiones llegan a 20 mil millones, las remesas familiares rondan o exceden 45 mil millones anuales. A esto se añaden los vínculos creados desde Estados Unidos por más de 13 millones de inmigrantes latinos. Dirigentes serios como Vásquez, Da Silva, Uribe, o Calderón, comprenden esta realidad y de allí su tono positivo y a la vez digno. 2.- La sensatez y tono de las propuestas. Bush propuso cooperación. Chávez ha propuesto pagos o castigos (caso de Costa Rica) a cambio del apoyo o la crítica a su proyecto confuso y divisivo. El mismo está atado a los exabruptos de un caudillo autoritario que propone ideas anticuadas y probadamente fallidas, bajo el vacuo nombre de “socialismo del siglo XXI”, galimatías que no convencen a los países más importantes de la región.

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