El presidente sandinista Daniel Ortega ha oficializado el tratamiento de compañera o compañero, a las personas que designa para ocupar cualquier cargo en el gobierno que él preside. Sin embargo en el caso del nombramiento del cardenal Miguel Obando como coordinador del Consejo de Reconciliación y Paz, Ortega hace una excepción y lo llama Su Eminencia Reverendísima, cual es el título que corresponde a los cardenales católicos.
En realidad, hasta el momento de que fue redactado este comentario editorial no se conocía La Gaceta con el nombramiento del cardenal Obando. Pero es seguro que Ortega no tratará al Cardenal de compañero, sino como Su Eminencia Reverendísima, que es como lo llamó en la carta del 5 de febrero recién pasado en la que propuso al purpurado ocupar el controvertido cargo gubernamental.
Como sea, a partir de ahora y más exactamente desde que tome posesión de su cargo gubernamental, en el ámbito oficial el cardenal Miguel Obando será el “compañero Miguel”, lo mismo que el compañero Antenor, presidente del Banco Central; o el compañero Arturo, Embajador de Nicaragua en Estados Unidos; o la compañera Rosario, coordinadora del Consejo de Comunicación y Ciudadanía.
Por otro lado, cuando anunció el miércoles de esta semana su aceptación del cargo gubernamental que le ha asignado el presidente sandinista Daniel Ortega, el cardenal Obando aclaró que lo desempeñará en su carácter personal, es decir, no en representación de la Iglesia. Pero es muy difícil, por no decir imposible, que una personalidad como la del cardenal Obando pueda separar lo estrictamente personal de su fama eclesiástica católica y sólo el tiempo y sus mismos actos podrán determinar si logra conseguirlo.
Tampoco está claro qué tipo de reconciliación es la que va a promover el cardenal Obando desde su cargo gubernamental, que según Ortega será sin sueldo. En Nicaragua no hay ningún conflicto bélico, ni siquiera acciones aisladas de violencia y lo que hasta ahora se ha visto como “reconciliación” de Daniel Ortega y su partido FSLN, ha sido la atracción hacia los fines de la política sandinista, u orteguista, de algunos de sus antiguos enemigos, adversarios, detractores y críticos, mediante diversos procedimientos y recursos.
De manera que para estar claros de cual es la representatividad que tendrá realmente el cardenal Obando en su singular cargo gubernamental, sería bueno conocer la decisión del Vaticano al respecto, que se mantiene en secreto. O que se aclare si es cierto que, tal como parece, la Santa Sede no tomó ninguna resolución y dado que el cardenal Obando está retirado de funciones en la Iglesia de Nicaragua, dejó el asunto a criterio y responsabilidad personal del ilustre obispo emérito. Y cualquiera que sea el caso y aunque no estén de acuerdo con ella, los católicos romanos deben acatar la voluntad del Santo Padre y las personas no católicas tienen que respetarla.
Las declaraciones de monseñor Leopoldo Brenes y de monseñor Bernardo Hombach que publicamos en esta edición, nos permiten suponer que la Conferencia Episcopal va a establecer que la participación del cardenal Obando en el gobierno de Daniel Ortega no compromete en lo absoluto a la Iglesia católica, pues, como lo expresó antes monseñor Sócrates Sándigo, secretario de dicha Conferencia Episcopal, la aceptación del cargo gubernamental por parte del ex arzobispo de Nicaragua provocará diferencias de opinión en el seno de la Iglesia católica, ya que ese cargo “no va a ser de reconciliación, sino de división”.
Creemos que la Conferencia Episcopal de Nicaragua no debe dejar ningún resquicio para la duda ni la errónea interpretación. Se debe indicar de manera inequívoca que en el desempeño de su función gubernamental el cardenal Obando no representará a la Iglesia católica, que el ejercicio de ese cargo de poder temporal responde a una decisión personal del Cardenal, en tanto que ciudadano nicaragüense que tiene la libertad de optar por la causa política que quiera y el derecho a ejercer los cargos públicos que la Constitución y la ley le permitan desempeñar.
De esa manera se podría atenuar el efecto negativo que tal como lo advirtió monseñor Sándigo podría tener en la Iglesia católica de Nicaragua la aceptación del cardenal Miguel Obando para ejercer esa función gubernamental.