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La danza de los “vientres”
Celio Humberto Barreto
El autor fue Director Ejecutivo del OIRSA 1995-2003

Parece que durante los últimos años se ha puesto de moda que cuando alguien quiere hacerse notar en el sector agropecuario, recurre al tema de las vaquillas y la administración precedente debe cargar con la música, independientemente de quién organizó el baile.

Por cierto es oportuno aclarar que las tales vaquillas ya no existen, o son vacas o están muertas, (las categorías en el ganado son asunto de edad y función). En este sonado episodio resulta conveniente separar a los actores en dos grupos: por un lado los “beneficiados” y por el otro los “animales” que empujarían la repoblación y el mejoramiento genético, entre ambos grupos, el segundo, jugó su papel de acuerdo al libreto biológico de la obra y si revisamos los resultados de estos siete años podrá inferirse que en general, están dentro de los límites esperados para la actividad ganadera en Nicaragua.

En defensa de los animales, es importante recordar que una población, cualquiera sea la especie, aumenta cuando los nacimientos superan a las muertes (las entradas son mayores que las salidas). Con base en un modelo de gestión del rebaño, los rendimientos del núcleo original de las casi cuarenta mil vaquillas de hace siete años (menos las desapariciones y destaces, estimadas en más de mil cabezas) se debe haber casi triplicado y su número ha incidido en el crecimiento del hato bovino nacional, generando ingresos estimados por la producción de carne y leche por el orden de los quince millones de dólares en el período de la referencia. De esas “vaquillas” se estima han nacido en los últimos seis años unos cien mil terneros(as) de los que han muerto entre ocho y diez mil. De las “vaquillas” han muerto un poco más de seis mil animales, cifra que se corresponde con la mortalidad promedio en animales mayores de un año que está entre dos y tres por ciento, es decir entre 800 y 1,200 muertes anuales, en siete años (entre 5,600 y 7,400) y la baja por problemas reproductivos es estimada en una cifra similar al acumulado de la mortalidad en el período.

Entonces se ve que los animales han hecho su trabajo, aún en el marco de los bajos indicadores del promedio nacional; si hubieran sido de mejor calidad, los resultados podrían haber sido superiores. En consecuencia y a pesar de toda la zarabanda mediática hay que aceptar que la mayoría de los animales y sus descendientes han estado ahí, en la economía, produciendo terneros(as), leche y carne y hasta jugando un rol social en la alimentación rural en los extremos geográficos del país. (¡Se anticiparon al inicio del programa del hambre cero!).

En el grupo de los “beneficiados” las cosas están más complicadas, y es ahí donde se deben estudiar las lecciones que ha dejado este programa: vendedores, compradores, repartidores y receptores han constituido una verdadera mezcla de intereses diversos, favoritismos políticos, parentelas, amiguismos, abusos y procedimientos inadecuados que en su conjunto produjeron frustración en muchos ganaderos y regocijo en otros ganadores.

Se repartió a diestra y siniestra sin una previa valoración de la vocación territorial, se asignó ganado en zonas tan distantes y fuera del control institucional, como San Juan del Norte o Río Coco arriba, a personas que no eran ganaderos, y que muchas veces no se comportaban como personas. Y para rematar los documentos donde se establecían los compromisos programa-arrendatario fueron escritos de forma tal, que daban lugar a interpretaciones confusas.

La conclusión más importante de esta experiencia es que un programa de este tipo debe hacerse con los gremios ganaderos en los estratos que se desea apoyar, (pequeños y medianos productores) el Estado sólo debe facilitar las cosas, la administración y operación debe recaer en las organizaciones de los hombres que producen en el campo. Al Estado le corresponderá, en este caso, pagar los 23 millones de dólares más los intereses al Gobierno de Taiwán o esperar un poco para incluir el tema en las futuras negociaciones de condenación de la deuda externa de Nicaragua.

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