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Malos hábitos
Inés Izquierdo Miller
Imitar a los jóvenes no significa que nos comamos los años, entonces hablemos con corrección
revista@laprensa.com.ni

Si nos detenemos a escuchar lo que hablan nuestros hijos, lo primero que nos llama la atención es su lenguaje. Ellos usan sus “códigos especiales” para comunicarse, tanto en un chat, por teléfono o cuando están en un grupo. Parte de esos códigos incluye no sólo abreviaturas o símbolos matemáticos, sino frases en otros idiomas, de preferencia el inglés. De ahí que el espanglish sea muy popular entre los jóvenes que hablan mezclando palabras de un lado y otro.

Hasta aquí, el problema no es tan grave, lo que me preocupa es que hay adultos que se suman a esa moda, y andan mezclando inglés y español de una forma torturante. Quienes deben ser el patrón a imitar por las nuevas generaciones deben tener mucho cuidado con los hábitos que inculcan. Me refiero en especial a maestros, comunicadores y líderes, que debían ser la avanzada en ese sentido.

Investigaciones científicas demuestran que el feto responde al idioma que habla su madre y de quienes lo rodean. Imagínense un bebé inglés de 24 horas de nacido al que le ponen grabaciones en inglés y en alemán o francés, cuando escucha palabras en la lengua de sus padres, succiona el chupete, mueve sus brazos y se incrementan sus signos vitales. A ese mismo niño cuando le pasan grabaciones en otros idiomas, no se observa ninguna respuesta. Pueden ustedes suponer que nuestra lengua materna está arraigada en nosotros antes de nuestro nacimiento, y debe ser nuestro estandarte, para qué afearla con voces ajenas.

Si le gusta el inglés, el francés u otro idioma, estudie y hable con corrección una segunda lengua, ese conocimiento le abrirá puertas y le dará muchas oportunidades. Pero no se convierta en una persona ridícula.

Si alguien ve la novela de Los Reyes en el Canal 2, podrá apreciar lo irritante que resulta el personaje de Katy, ella le dice a su perra Violeta (Vaiolet), como se pronuncia en inglés, de ahí todo lo que sale de su boca es espanglish, el colmo es que su empleada doméstica se llama Dulcinea, nombre bien castizo, y ella la bautizó como Suidinei (sweet es dulce en inglés).

Sin ir muy lejos hay una profesora que le dice a sus alumnos así: “A ver, abran sus books en la página 12 y read con cuidado, para que answer las preguntas”.

Son malos hábitos que debemos eliminar del repertorio, porque dañan nuestro idioma y nuestra reputación como profesionales.

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