El Consulado de Nicaragua es uno de los más importantes en Estados Unidos y ojalá que al gobierno sandinista no se le ocurra nombrar allí a un activista político, en vez de un profesional diplomático, porque los cónsules son para servir a los nicaragüenses en el exterior, no al Presidente de Nicaragua ni al partido de éste.
Tras leer la entrevista con Luis Martínez, representante del Frente Sandinista (FSLN) en Miami, tengo la impresión de que si designan a este señor como cónsul, como él casi asegura, los inmigrantes nicas estarán más desprotegidos.
Sin tener aún el cargo, Martínez manifestó con claridad su oposición a reconocerle derechos a los migrantes, y criticó que éstos manden remesas a sus familias en Nicaragua porque, según él, ese dinero sólo es útil al país si se lo dan al Estado.
“Nos llenamos la boca al decir que tenemos derechos porque enviamos remesas a nuestros familiares. Es cierto. Pero nosotros las enviamos a nuestros familiares, no las enviamos al Gobierno”, declaró Martínez a LA PRENSA la semana pasada.
El posible nuevo cónsul quiere que esta gente sacrificada le mande al Estado, en vez de a su familia, el dinero ganado con su propio esfuerzo; e ignora que miles de nicas han emigrado por carecer de la protección social del Estado, a pesar de que éste recauda impuestos para eso.
Martínez también desconoce que el consumo de los ciudadanos mueve la economía y favorece a los empresarios, como él en Miami, porque si hay pocos compradores las ventas bajan y el empleo también.
El Estado se beneficia cuando las familias reciben dólares del exterior, porque la moneda nacional se mantiene estable y disminuye la presión social contra el Gobierno, en la medida que más gente tiene con qué comer y cubrir atenciones básicas, como la salud, área en que han fallado las instituciones estatales.
A Martínez se le ocurre que los migrantes en vez de ayudar a sus parientes, hagan el trabajo del Estado y sin reclamar ningún derecho político.
“Que porque le mando a mi mamá 100 dólares tengo derechos (en Nicaragua). La que tiene derecho es mi mamá, a decidir quién la gobierne... El compromiso (de los migrantes) es con la familia... Hay que cambiar ese concepto y buscar cómo el exilio, o mejor dicho la comunidad, se enrumbe en la promoción de trabajos sociales en Nicaragua”, afirmó.
¿Y qué haría Martínez para proteger a los nicas en Estados Unidos, si fuera cónsul? Protestas.
“...Ya el Consulado hubiera llamado a los líderes de la comunidad y promover una marcha a las oficinas de Inmigración, este país le tiene miedo a las marchas, a la mala propaganda”, propuso.
Tiene 20 años de vivir en Florida y explica: “Me siento americano de América, pero no norteamericano. Yo he venido a aprender mucho de la democracia aquí, y he querido agarrar lo mejor de Cuba y aplicarlo a Nicaragua, para transformar el país de acuerdo con nuestra realidad”.
Está claro. Para él quiere libertad y comodidad económica en Estados Unidos, porque allí tiene su empresa. A la población de Nicaragua le receta prohibiciones, represión y miseria, como en Cuba.