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Cuidado con los cantos de sirenas
Guillermo E. Miranda
El autor es directivo nacional del partido Resistencia Nicaragüense.

En las últimas semanas los PLC, con Arnoldo Alemán a la cabeza, han lanzado una ofensiva esgrimiendo la necesidad de la unidad, exponiéndola como una exigencia de las bases. Pareciera que esta estrategia ha logrado hacer mella en los seguidores de Eduardo Montealegre, quienes ya nombraron una comisión para tratar el tema.

Por el conocimiento que tengo sobre el actuar y métodos de persuasión de Arnoldo Alemán, es que me permito la libertad de recomendarle a Montealegre y resto de miembros de la ALN que tengan mucha prudencia, que el camino que lleva a la verdadera unidad liberal tiene muchos obstáculos y si examinamos bien cada uno de ellos, nos encontraremos con que la mayoría de éstos tienen el logo (made in El Chile).

Hecho este pequeño preámbulo, analizo el tema en cuestión. Primero: la causa principal que los ALN esgrimieron para separarse del PLC fue el caudillismo de Arnoldo. Segundo: el total control que éste ejerce sobre las nominaciones a cargos de elección popular. Tercero: la forma en que manipula las sesiones y votaciones de su junta directiva, la que salvo muy pocas y honrosas excepciones la mayoría tienen como única propiedad, la misma que las de ese vital líquido que llamamos agua. Aquí cabe la pregunta ¿Cuántas de esas situaciones que enumeramos anteriormente han cambiado? Dejo la respuesta a la conciencia y autoestima de los que se sientan aludidos así como al resto de liberales interesados en el tema.

Cuando Eduardo Montealegre decidió formar una segunda opción liberal, fueron varios los que lo siguieron. El resultado de las elecciones terminó dándole la razón y los más de setecientos mil votos que recibió lo confirman. Venir a estas alturas del partido a creer en cantos de sirenas, sería fatal para el futuro político de Montealegre, y ese error de cálculo sería fácilmente aprovechado por sus adversarios de fuera y de dentro. Nadie duda que la unidad liberal es más que necesaria, pero esta unidad debe ser producto de un análisis pragmático identificando sin temor alguno las causas que la hicieron imposible en las pasadas elecciones. Si cometemos el error de asistir alegremente a una convocatoria para elegir nuevas autoridades, y esas nuevas autoridades resultan ser las mismas caras ya conocidas, entonces estaríamos condenando a la familia liberal a las fuerzas democráticas y al país en general a más de lo mismo y el que terminará pagando los costos políticos será el mismísimo Montealegre.

Por lo pronto analicemos: ¿Quién convoca? ¿Quién dirige las sesiones del CEN? ¿Quién preside las conferencias de prensa? ¿Quién está en total control del PLC? ¿Quién ya bendijo a los nuevos contralores y magistrados a elegirse? La respuesta a todas estas interrogantes es más que obvia, por lo tanto, si los miembros de la ALN quieren seguir contando con el favor del voto que les dio veintiún diputados, colocándolos como segunda fuerza política, entonces tendrán que hacerse merecedores del mismo y esto sólo será posible mediante una actuación beligerante en la Asamblea y siendo coherentes con los principios que predican.

Por lo pronto puedo asegurar que la unidad liberal será un hecho en las próximas elecciones, pero ésta se dará alrededor del partido que presente los candidatos idóneos y escogidos por el pueblo.

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