Beatriz Paredes, de 54 años, asumió el domingo la presidencia del PRI, al concluir los trabajos de la IV Asamblea Nacional que no logró renovar el rostro al partido que este domingo cumplió 78 años, la mayoría de los cuales estuvo en el poder en México.
La experimentada política, quien ha sido legisladora federal, gobernadora del Estado de Tlaxcala y fallida aspirante a la Alcaldía de Ciudad de México en 2006, tomó ayer por cuatro años las riendas del Partido Revolucionario Institucional (PRI) que atraviesa por una crisis de identidad política.
Antes de la IV Asamblea, iniciada el pasado jueves y que reunió a unos 4,000 delegados, destacados militantes habían apostado por un cambio de imagen del PRI, inyectándole una ideología de izquierda, un objetivo que desató dudas entre analistas que destacaron los métodos antidemocráticos que han caracterizado al partido “tricolor”.
Sin nueva definición ideológica
Los delegados dejaron para otra ocasión, en una cita programada para noviembre, el tema de darle al PRI un rostro ideológico que lo retire del centro que le dañó en los comicios presidenciales de 2006, en los que cayó a tercer lugar, lejos de los partidos derechista Acción Nacional (PAN) e izquierdista de la Revolución Democrática (PRD).
La nueva dirigente, que estará acompañada por Jesús Murillo como secretario general, dijo que su partido puede regresar al poder federal, pero que es necesaria la unidad de sus militantes.
“El PRI es capaz de triunfar en las nuevas condiciones de la competencia electoral. Es posible y como dicen ustedes: Sí se puede, con organización, con candidaturas idóneas, con propuestas convincentes para las mayorías, con unidad partidista”, dijo Paredes al asumir la presidencia priísta.
El PRI gobernó México durante 71 años, de 1929 a 2000, y creó un sistema que el escritor peruano llamó “la dictadura perfecta”, pues mantuvo un férreo control político y económico con un rostro de aparente apertura democrática.
Politólogos destacan la amistad de Paredes con el presidente Felipe Calderón, a quien, dicen los expertos, la llegada de esta experimentada política al frente del PRI podría allanarle el camino para lograr reformas estructurales, como la fiscal y del Estado, que en el pasado fueron bloqueadas en el Congreso.