Un jefe policial y su guardaespaldas fueron asesinados a tiros y una autoridad dijo el domingo que había pistas para dar con los asesinos.
“Disponemos de pistas para encontrar a los culpables”, dijo a la AP el portavoz de la Secretaría de Seguridad, subcomisario Miguel Martínez.
Indicó que los desconocidos dispararon la noche del sábado y dejaron tirado en la calle frente a su residencia en la colonia Cerro Grande, al noroeste de Tegucigalpa, al comisionado de la policía Rigoberto Aceituno, de 52, y a su guardaespaldas Jorge Duarte, 26.
Culpan al crimen organizado
“Es un asesinato ordenado por el crimen organizado”, añadió Martínez. “Creemos que fue obra de los pandilleros”.
Martínez sostuvo que “hay un pandillero detenido por haber dicho a sus compañeros que Aceituno sería asesinado”. Reveló que los pistoleros bajaron de un vehículo y se acercaron a sus víctimas para dispararles y huyeron.
El cuerpo de Aceituno presentaba tres impactos de bala. Era el jefe de la policía preventiva en Tocoa, a unos 400 kilómetros al norte de Tegucigalpa, considerado un sitio peligroso por el intenso tráfico de drogas provenientes de Colombia hacia Estados Unidos.
Informó que los pistoleros dispararon inicialmente contra Duarte, que limpiaba en la calle el automóvil de su jefe. Mortalmente herido, el guardaespaldas entró a la casa a pedir ayuda y, al salir de ella, Aceituno cayó abatido por las balas.
Aceituno, según las autoridades, libraba una fuerte lucha contra los narcotraficantes en la costa atlántica de Honduras, cuyas extensas y solitarias playas son propicias para las actividades ilegales de drogas.
Aceituno tenía antes su oficina en Tegucigalpa como jefe de operaciones de la Policía Nacional. Tres hermanos de él son policías y uno de sus hijos estudia esa profesión en Chile.
Por lo menos 100 personas han muerto en circunstancias similares en cinco años en el país.