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A Somoza García le fascinaba el servilismo, la adulación y el halago. Desde 1939 fue declarado “Benemérito de la Patria” y se exigió la consigna de “Somoza for ever”. Siempre se identificó con los gobiernos norteamericanos al extremo que en una de sus campañas electorales desfiló enarbolando la bandera de las barras y las estrellas. (LA PRENSA/ARCHIVO DEL IHNCA-UCA)
El que a hierro mata ...
ESPECIAL PARA LA PRENSA
rsanchez@managua.gob.ni

Roberto Sánchez Ramírez

Dictadores y tiranos, Rafael Leónidas Trujillo Molina y Anastasio Somoza García, convirtieron a la Guardia Nacional de sus respectivos países en una fuerza pretoriana represora de sus connacionales, al servicio de una persona y su familia.

Los dos siniestros personajes escalaron el poder con el apoyo de las tropas de ocupación norteamericanas, se mantuvieron con la protección de los presidentes y gobiernos de los Estados Unidos de América, proclamando su anticomunismo, en actos de servil adhesión a la política imperial.

Irónicamente fue el triunfo de la revolución cubana y la derrota en Playa Girón en abril de 1961, lo que determinó el apoyo de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en el plan para eliminar al dictador dominicano. Dos muertes se programaron: la de Fidel Castro y la de Trujillo Molina.

EL IMPERIO DEL TERROR

Trujillo Molina y Somoza García forjaron un sistema de terror. Cadáveres mutilados, desaparecidos, mujeres violadas, prisioneros en las peores condiciones, torturas y humillaciones fueron el sello de estos gobiernos despóticos. Difícil de calcular el número de desaparecidos y asesinados en ambos regímenes.

En el caso de Trujillo Molina destacan dos casos: el del profesor español de origen vasco, Jesús de Galíndez Suárez y el asesinato de las hermanas Mirabal. El primero logró sobrevivir a la guerra civil de España y en 1939 llegó a República Dominicana donde fue catedrático en la Universidad de Santo Domingo; se marchó a Nueva York y comenzó una investigación sobre la “Era de Trujillo”; muy contraria a la que proclamaba el régimen trujillista, publicando reportajes en la revista cubana Bohemia.

El coronel Arturo R. Espaillat, graduado en la Academia Militar de West Point, fue encargado de planear el secuestro para lo que fue nombrado Cónsul General en la ciudad de Nueva York. En febrero de 1956, Galindez es atraído por una mujer, Gloria Viera, anestesiado y conducido a República Dominicana en un avión que salió del aeropuerto de Long Island, piloteado por el dominicano Octavo de la Maza y el norteamericano Gerald Murphy.

Fue llevado ante Trujillo Molina a la famosa Casa de Caoba, cerca de San Cristóbal. El dictador descargó su furia a base de bastonazos, luego ordenó que lo ahorcaran y arrojaran su cuerpo al mar. El caso provocó un gran escándalo. Todos los implicados murieron. Gloria Viera murió en un raro accidente de tránsito, pues no sabía manejar. Murphy despeñado en el mar, se acusó de su muerte a de la Maza, quien “se ahorcó” en prisión. Hubo otros muertos más. El caso del piloto dominicano pesaría en el ánimo de su hermano, Antonio de la Maza, organizador del plan que le costaría la vida a Trujillo Molina.

Otro terrible asesinato ordenado por el dictador dominicano fue el de las hermanas Minerva, María Teresa y Patria Mirabal; también mataron al conductor que las acompañaba, Rufino de la Cruz. El asesinato fue a palos, simulando luego un accidente de tránsito, lo ejecutaron a pocos kilómetros de Puerto Plata, luego que Minerva y María Teresa habían visitado a sus esposos que estaban detenidos. Las hermanas Mirabal eran decididas opositoras al régimen trujillista, en especial Minerva, la que había resentido al tirano rechazando sus requerimientos sexuales.

NICAS INVASORES

En 1937, una noche estaba Trujillo Molina es estado de ebriedad cuando le comunicaron que unos haitianos habían cometido una acción de abigeato. El dictador encolerizado ordenó que se matara a todo haitiano que se encontrara ilegal. Lo cierto es que mujeres, ancianos y niños fueron muertos a machetazos por grupos en estado de ebriedad.

La forma más rápida de distinguir entre dominicanos y haitianos era hacerles decir “perejil”, el que no lo pronunciaba bien era muerto de inmediato. Es difícil saber cuántos haitianos murieron. El varias veces presidente, doctor Joaquín Balaguer, señala la cifra de 17,000 muertos. La bisabuela de Trujillo Molina fue Diyetta Chevalier, nacida en Haití.

Trujillo Molina enfrentó varias invasiones. Una que se frustó es la llamada de Cayo Confites en 1947, en la que estuvieron entrenándose Fidel Castro y el nicaragüense Abelardo Cuadra Vega. El 19 de junio de 1949 un avión Catalina acuatizó en el poblado de Luperón, cerca de Puerto Plata. Perecieron los nicaragüenses Alberto Ramírez González y Alejandro Seva, anbos ex - GN, dados de baja por haber apoyado al presidente Leonardo Argüello Barreto en 1947. Los restos de Selva fueron repatriados, los de Ramírez permanecen en República Dominicana. Resultó capturado Félix Córdoba Boniche que luego fue deportado. Otra invasión más numerosa fue la del 14 de junio de 1959. Hubo una terrible represión.

MUERTE DEL TIRANO

Son numerosas las obras que se han escrito sobre la muerte de Trujillo Molina. Durante varios años tuve cercana amistad con Bernard Diederich, corresponsal de la revista Times, quien escribió: Trujillo, la Muerte del Dictador, obra que sirvió a Varga Llosa para escribir La Fiesta del Chivo. En distintas ocasiones conversamos sobre éste apasionante tema, también Balaguer, en su obra Memorias de un Cortesano de la ‘Era de Trujillo’, hace una semblanza de quienes participaron en el plan.

Lo interesante es que con unas pocas excepciones, la mayoría de los conspiradores habían sido cercanos a Trujillo Molina y por lo menos dos estuvieron con él el mismo día de la emboscada, el martes 30 de mayo de 1961. Varios habían tenido importantes cargos en el gobierno o grados militares, como Juan Tomás Díaz y Antonio de la Maza. El teniente Amado García Guerrero era miembro de la escolta de Trujillo Molina; fue el que avisó a los conspiradores que el dictador iría a San Cristóbal, ya que tenia el habito de vestir un uniforme de gala para impresionar a la amante de turno que lo esperaba en la Casa de Caoba.

En tales giras apenas lo acompañaba su viejo conductor, el capitán Zacarías de la Cruz. En tres vehículos, se realizó el atentado, matando a Trujillo Molina y quedando herido el conductor. Varios de los atacantes resultaron heridos. El cadáver presentaba cinco heridas de bala y un fuerte golpe en la región temporal. Fue introducido en el valijero de un automóvil chevrolet y llevado a la ciudad, ya que el Ministro de Guerra, General José René Román Fernández, sobrino político de Trujillo Molina, había exigido verlo capturado o muerto para participar en el complot. Diferentes circunstancias hicieron fracasar el plan. Esa misma noche del 30 de mayo, se inició una despiadada cacería humana.

El automóvil con el cadáver de Trujillo Molina fue abandonado en la casa del ex general Juan Tomás Díaz, donde en horas de la madrugada fue encontrado por los agentes del temible Servicio de Inteligencia Militar (SIM). Luis Amiama Tío y Antonio Imbert Barrera, permanecieron escondidos. A la caída del régimen trujillista recibieron el tratamiento de héroes, igual que los otros participantes alcanzando el grado de general. Actualmente sólo queda vivo Imbert Barrera.

Se ejecutaron las más brutales torturas, el país se llenó de presos y cadáveres. El general Román Fernández, más conocido como “Pupo”, fue capturado, le cosieron los párpados, fue muerto lentamente a balazos por el propio Ranfis, con una de las armas que usaba su padre. Los que quedaron vivos fueron muertos también por Ranfis la noche del 19 de noviembre de 1961, día en que salió para siempre de la República Dominicana.

Situación similar se había presentado en Nicaragua a la muerte de Somoza García. Hubo diferencias en el destino de los restos. El ataúd de Trujillo Molina fue sacado de la iglesia de San Cristóbal, llevado al yate “Angelita” y trasladado a Martinica el 19 de noviembre de 1961. La lujosa embarcación que fue escenario de apasionados encuentros con las artistas Kim Novack, Debra Paget y Joan Collin, ahora navegaba con el féretro de Trujillo Molina. En poco tiempo la ciudad de nuevo se llamó Santo Domingo de Guzmán.

De Martinica, Ranfis Trujillo viajó a Francia, sepultando los restos de su padre en el cementerio del Pére Lechaise, en París. Desde julio de 1979, surgió en Nicaragua la leyenda de que Anastasio Somoza Debayle se había llevado los restos de su padre y de su hermano. La verdad es que están en la cripta del Cementerio General de Managua.

Durante mi estadía en República Dominicana, una noche estuve largo rato en el sitio donde fue muerto Trujillo Molina. Ahora se llama Autopista 30 de Mayo, en honor a los que participaron en la acción. Hay un monumento a “quienes sacrificaron sus vidas para liberar al Pueblo Dominicano y ajusticiaron al tirano Rafael L. Trujillo el 30 de mayo de 1961”. Mientras yo leia la placa, el ritmo de una bachata se mezclaba con el ruido de las olas del Mar Caribe.

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