El 12 de junio corriente fue inaugurado en la ciudad de Washington, capital de Estados Unidos de Norteamérica, un monumento a las víctimas del comunismo en todas partes del mundo. Y al respecto es digno de resaltar que en ese memorial que honra la memoria de todas las personas que murieron por culpa del totalitarismo rojo en sus diversas variantes, y a sus sobrevivientes, fueron incluidos “los indios miskitos asesinados por la dictadura sandinista”, según dijo el presidente George W. Bush en su discurso inaugural.
De las víctimas del totalitarismo comunista siempre se ha dicho que son de segunda clase, en relación con las que fueron sacrificadas por el fascismo de derecha. Por lo general, las denuncias de los crímenes del totalitarismo rojo se diluyen ante una opinión pública dominada o influida por renombrados intelectuales —entre los cuales hay incluso algunos galardonados con Premios Nóbel de la Paz y de Literatura— que le rinden culto a los dictadores comunistas y populistas de izquierda.
De allí que fuera honroso que en una publicación de izquierda, pero democrática, como es la revista española Iniciativa Socialista, se publicara en 1988 un artículo titulado Comunismo, totalitarismo y terror en el cual se decía que “desde que se inició la denuncia del estalinismo nunca han faltado voces que pretendan acallarla. Antes, porque hacerlo perjudicaba a la URSS; ahora, porque beneficiaría a la derecha. Por tanto, está muy claro lo que realmente piensan: que nunca es el momento adecuado para hablar de ello y que las víctimas de la represión comunista deben ser condenados al olvido”.
Durante la inauguración del memorial de Washington en honor de las víctimas del totalitarismo comunista, un diputado europeo que representa a la ex república comunista soviética de Estonia, el señor Tunne Kelam, expresó que “las víctimas del comunismo aún carecen de las garantías que las víctimas del nazismo tuvieron, de que no sucedería nunca más”. Y agregó que “mientras no haya una evaluación política internacional facultada del sistema autoritario comunista, no se puede tener tal garantía. Así que en la práctica las víctimas del comunismo son vistas como víctimas de segunda clase”. Mientras que un refugiado cubano llamado Pedro Fuentes destacó en el mismo acto que “el comunismo ha sido la tragedia más grande que ha sucedido en el mundo, y lo peor es que todavía existe”.
En realidad, la cantidad de víctimas del comunismo es mucho mayor que la del nazismo y el fascismo. Casi cien millones de personas fueron asesinadas por la represión comunista o murieron como consecuencia de las hambrunas provocadas por las políticas económicas y sociales del comunismo y las revoluciones izquierdistas, se informa en El Libro Negro del Comunismo: “20 millones en la Unión Soviética, 65 millones en la República Popular China, 1 millón en Vietnam, 2 millones en Corea del Norte, 2 millones en Camboya, 1 millón en las repúblicas comunistas de Europa Oriental, 150 mil en América Latina, 1.7 millones en África, 1.5 millones en Afganistán, y unas 10 mil muertes provocadas por el movimiento comunista internacional y partidos comunistas y otros revolucionarios no situados en el poder”.
El Libro Negro del Comunismo fue publicado en Francia y en idioma francés, en 1997, con motivo del ochenta aniversario del establecimiento del régimen comunista en Rusia y las otras repúblicas que formaron parte de la extinta Unión Soviética. Esta obra es el resultado de una minuciosa investigación que realizaron destacados intelectuales franceses, la cual fue auspiciada por el Centro Nacional de Investigación Científica, uno de los centros académicos más prestigiosos de Francia. Un año después, o sea en 1998, El Libro Negro del Comunismo fue traducido al español y publicado en España, pero su circulación ha sido boicoteada mediante múltiples artimañas.
Sin embargo nadie puede ocultar que las víctimas del totalitarismo comunista son mucho más numerosas que las de cualquier otro régimen totalitario, de todos los que han existido a lo largo de toda la historial universal. Y aunque a las víctimas del comunismo se les siga considerando como de segunda clase, ellas estarán por siempre en el recuerdo y el corazón de todas las personas que aman la libertad y luchan por la democracia.