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“Arriba los pobres del mundo”
Antonio Lacayo
El autor es ingeniero, fue Ministro de la Presidencia.

La pobreza, está demostrado, puede ser derrotada. Hay países enteros que en un tiempo fueron pobrísimos no hace mucho, como Irlanda y España, por mencionar dos, y que al cabo de los años pasaron a disfrutar de niveles de vida propios del llamado “primer mundo”. En ninguno de estos dos países se queda un niño sin escuela. Hay suficiente empleo y los salarios dan para vivir con dignidad.

Nicaragua, sin embargo, sigue con altos niveles de pobreza. No tan altos como cuando Daniel Ortega entregó el poder y se terminó la guerra en 1990, aunque siempre muy altos. El presidente Ortega aparece ahora en letreros con “Arriba los Pobres del Mundo”, que pareciera un compromiso de sacar a los pobres de la pobreza, una intención meritoria.

Jeffrey Sachs, doctor en Economía y autor del libro El fin de la pobreza, ha lidiado con este tema en Bolivia, Polonia, Rusia, China, India y varias naciones del África en los últimos 22 años.

Entre las cosas interesantes que afirma en su libro, llama poderosamente la atención lo siguiente: La raíz de los fracasos de muchos países está en la corrupción de los liderazgos políticos. Sachs recomienda encarecidamente que los gobiernos se abstengan de demandar mordidas y pagos indebidos, y mantengan sistemas judiciales capaces de defender los derechos establecidos en la ley y de enforzar los contratos.

En Nicaragua todos sabemos que el presidente Alemán hizo exactamente lo contrario. Además de los millones desviados a cuentas en Panamá, su gobierno fue señalado de pedir gigantescas mordidas para otorgar permisos de todo tipo, como la conocida extorsión a la antigua ENRON en Corinto que provocó reacciones en congresistas de Estados Unidos que hicieron retroceder al Gobierno.

Subordinar el Poder Judicial a intereses partidarios, como se hizo a partir de los acuerdos Alemán-Ortega, tuvo el efecto de preocupar y alejar a los pocos inversionistas serios que intentaban llegar al país.

La Asamblea Nacional, también en manos del mismo pacto, prohibió por años los permisos para proyectos hidroeléctricos de cierto tamaño. Dejaron que nuestra riqueza, el agua de los ríos, siguiera corriendo hacia el mar sin generarnos ningún beneficio, lo que obligó a continuar importando petróleo para producir electricidad, con divisas que no le sobran a la economía y cada vez más caro.

Hoy padecemos los efectos de una crisis energética terrible, con consecuencias gravísimas para las familias, los negocios y la producción, y nos preguntamos: ¿Qué pasó aquí?

Durante los últimos diez años, hay que decirlo claro y alto, se hizo todo lo opuesto a lo que los entendidos recomiendan: generar confianza para captar la inversión.

Esta confianza, es sabido, se genera garantizando el pleno imperio de la ley, donde nadie se coloque por encima de ella, logrando que la justicia funcione apegada al derecho, no a consideraciones políticas o amiguismos corruptos, y que las fuerzas del orden público estén siempre al servicio de esa justicia, y no de jueces corruptos.

La semana pasada el presidente Ortega hizo público en el INCAE su llamado a cerrar filas, sector privado y Gobierno, para superar la crisis energética.

Este llamado obliga al presidente Ortega a devolverle a la Corte Suprema de Justicia su independencia y a sancionar con firmeza a cualquier funcionario público que resulte implicado en actos de chantaje, extorsión, tráfico de influencias, venta de fallos judiciales, trámite y aprobación de leyes dolosas, etc.

De lo contrario, la crisis energética va a continuar aumentando, las inversiones se alejarán y la producción entrará en retroceso.

Está bien que Venezuela nos apoye. Ya lo hizo antes, en tiempos de Carlos Andrés Pérez. Sin su apoyo no hubiésemos salido de las deudas que el Gobierno del FSLN dejó con el Banco Mundial y el BID en 1990. Venezuela siempre ha sido solidaria. México igual. Grave error del Presidente no haber asistido a la Cumbre de Presidentes en Campeche y darle la espalda a importantes gobiernos del hemisferio occidental.

Este es un gobierno que aún no llega a su sexto mes, y ya sale castigado en las encuestas. Para levantar, debe abandonar los pasos de Alemán, terminar con el pacto que la mayoría del pueblo rechaza, y desistir de revivir el pasado que el mundo dejó atrás.

El gobierno del presidente Ortega debe cerrar su primer año con la firma del nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, relaciones de cooperación fluidas con la Comunidad Cooperante, una Ley de Costas que permita un vigoroso y sostenible desarrollo turístico, una Ley de Aguas que invite a la inversión seria en la generación de hidroelectricidad y un Presupuesto Nacional para el 2008 que dé altísima prioridad a la educación primaria, la salud básica, agua y saneamiento. Acciones como estas, más una justicia apegada a derecho, podrán ciertamente empujar hacia arriba a muchísimos pobres en este país.

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