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“Las joyas de la familia”

Los archivos de algunas operaciones criminales de la CIA realizadas entre principios de los años cincuenta y comienzos de los setenta, serán abiertos al público esta semana.

Entre los documentos que serán revelados esta semana hay información sobre algunos intentos de la CIA por asesinar al tirano comunista de Cuba, Fidel Castro, incluyendo uno que fue instigado por Robert Kennedy —hermano del asesinado presidente estadounidense John F. Kennedy— cuando se desempeñaba como secretario de Justicia de Estados Unidos. Otros casos famosos de actividades encubiertas de la CIA durante el período mencionado, los cuales son llamados por historiadores e investigadores norteamericanos como “las joyas de la familia”, son los asesinatos del líder izquierdista congoleño, Patricio Lumumba y del déspota derechista de República Dominicana, Rafael Leónidas Trujillo, así como el derrocamiento del presidente socialista de Chile, Salvador Allende.

¡Qué bueno que el público pueda conocer esos documentos sobre actividades encubiertas y criminales de la CIA que fueron realizadas supuestamente para defender la libertad y la democracia, pero que más bien les han causado un daño gravísimo! En realidad, la libertad y la democracia no pueden ni deben ser defendidas con los mismos procedimientos criminales que utilizan sus enemigos. Es inmoral combatir un crimen con otro crimen. El fin no justifica los medios. La superioridad moral del sistema de vida y de gobierno basado en la libertad y la democracia, radica precisamente en el respeto a los valores morales, a los principios éticos, a la vida humana y la dignidad de la persona.

De modo que la apertura de los archivos de operaciones encubiertas y criminales de la CIA debe ser celebrada como un gran triunfo de la democracia y la libertad. Y en particular como un logro de los investigadores, historiadores y periodistas independientes que desde hace tiempo han venido demandando la desclasificación de esos documentos, y luchando por la vigencia efectiva del derecho del público a conocer todas las actividades gubernamentales, de cualquier tipo que sean.

Ahora hay que exigirle a Cuba que haga lo mismo con los archivos del G2 y otros macabros cuerpos de seguridad, espionaje y conspiración de la tiranía comunista cubana. La gente tiene derecho a conocer los entretelones de las innumerables operaciones encubiertas de Cuba comunista dentro de los mismos Estados Unidos y en todas partes del mundo, incluyendo a Nicaragua. Y al respecto cabe también señalar que los nicaragüenses tenemos derecho a conocer los archivos de los cuerpos de seguridad, espionaje y represión de las dictaduras somocista y sandinista.

Esos archivos son mantenidos absolutamente ocultos hasta ahora. Se dice que los archivos de la siniestra Oficina de Seguridad Nacional (OSN) de la dictadura somocista, que cayeron en poder del FSLN cuando el somocismo se derrumbó a mediados de julio de 1979, fueron trasladados a Cuba después que Daniel Ortega y el Frente Sandinista perdieron las elecciones del 25 de febrero del año 2000. Y se dice también que los archivos de la tenebrosa Dirección General de Seguridad del Estado (DGSE) sandinista, también fueron llevados a Cuba comunista. ¿Es cierto eso? Y si no es verdad, ¿dónde están esos archivos, quién los tiene y por qué los oculta?

Sin duda que es importante conocer los archivos de las operaciones secretas de la CIA norteamericana. Pero es más importante conocer información sobre las operaciones encubiertas de Cuba y de los cuerpos de seguridad y represión que tenían a su servicio las dictaduras somocista y sandinista. Por ejemplo, en los archivos de la OSN somocista tiene que haber información sobre los entretelones del asesinato del doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, ya sea que fuera asesinado por la dictadura somocista o por la extrema izquierda. En los archivos de la DGSE debe haber documentación sobre los casos de los asesinatos de Jorge Salazar y Pablo Emilio Salazar, ocurridos durante la dictadura sandinista. Y si en los archivos de Inteligencia Militar del Ejército hay información sobre los asesinatos de Enrique Bermúdez y Arges Sequeira, los nicaragüenses tenemos derecho a conocerla.

Ciertamente, no sólo las “joyas de la familia” de la CIA estadounidense, sino también las “joyas de las familias” de Cuba y Nicaragua tienen que ser conocidas por el público nicaragüense y la comunidad internacional.

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