De nuevo me han pedido que incluya en estas columnas el significado de cada mito al que me refiero. Sin embargo, debo reiterar que me parece aventurado asegurar cuál fue la lección que quisieron dar en cada caso los creadores de las fábulas y leyendas que forman los mitos.
Pienso que cada quien debe sacar su propia conclusión. Además, creo que no en todos los mitos tiene que haber una lección o enseñanza implícita. Al respecto dice el eminente mitólogo francés Juan Humbert, en el Prólogo de su Mitología Griega y Romana, que “sin duda la mayor parte de las fábulas que la integran (la mitología) son falsas y absurdas: unos dioses cojos, ciegos, vulgares, luchan entre sí o contra los hombres; unos dioses pobres, desterrados del cielo, se ven obligados, mientras sobre la tierra permanecen, a ejercer el oficio de albañil o de pastor, quedando de este modo ridiculizados en extremo”.
Esto sin perjuicio de que, como el mismo Humbert lo explica, “otras veces bajo el velo de la alegoría se ocultan preceptos excelentes y reglas de conducta”. Y en este caso Humbert coloca, como ejemplos, el mito de las Furias que acosan a Orestes y significa que la justicia divina no perdona el parricidio; el del buitre que corroe las entrañas de Prometeo, como castigo de los dioses porque robó el fuego del cielo para darle inteligencia a los seres humanos; o el de Narciso, que vive admirando su propia belleza con lo cual se simboliza la estupidez de la vanidad humana.
Ahora bien, ¿qué moraleja puede derivarse del mito de Palamedes? Palamedes era un joven príncipe de la isla Eubea que acompañó a Menelao cuando éste fue a Itaca, a buscar a Odiseo (Ulises), para convencerlo de que debía sumarse a todos los demás reyes y príncipes griegos que irían a la guerra contra Troya, a fin de rescatar a la bella Helena (esposa de Menelao) que había huido con el príncipe troyano Paris.
Pero en esos días acaba de nacer Telémaco, el primer hijo de Odiseo quien además amaba mucho a su esposa Penélope y por eso no quería ir a la guerra. Entonces Odiseo se fingió loco y se puso a arar en la arena con una yunta de bestias de distinta especie, mientras arrojaba puñados de sal a sus espaldas y decía que estaba salando las aguas del mar. Palamedes colocó el cuerpecito de Telémaco en la arena, por donde debía pasar el arado de Odiseo, para ver si éste en realidad estaba tan loco como para matar a su hijo. Pero Odiseo detuvo el arado y tomó en brazos a su hijo, reconociendo así que su locura era fingida.
Así fue que Odiseo tuvo que ir a la Guerra de Troya pero quedó muy resentido con Palamedes. Por eso, cuando ya estaban en plena guerra Odiseo puso unas piezas de oro y plata en la tienda de Palamedes y lo acusó de haberlas robado. El inocente Palamedes fue juzgado por sus propios compañeros y condenado a morir lapidado.
Pues bien, ¿cuál es la pedagogía o enseñanza ética que se puede deducir de esta fábula? Creo que eso depende de cada quien. En todo caso, según algunos mitólogos se trata de una explicación fantasiosa de algún hecho que pudo haber ocurrido durante la Guerra de Troya, como habría sido la acusación de traición —delito que se castigaba con la lapidación— en contra de algún participante en la gran contienda homérica.