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El régimen populista allá y acá

En la edición del 15 de junio corriente, del periódico La Nación, de Buenos Aires, el escritor argentino Marcos Aguinis publicó un artículo en el que hizo una clara descripción del régimen populista que se ha establecido en algunos países latinoamericanos, el cual amenaza extenderse como una peste por toda América Latina.

Aguinis no incluyó a Nicaragua en su análisis del populismo, pero es como si lo hubiera hecho porque en lo fundamental éste es igual en Venezuela que en Nicaragua o cualquier otro país del mundo. Por ejemplo, señala Aguinis que los líderes populistas hablan en nombre de los pobres —aunque viven como millonarios— pero “ningún régimen populista ha logrado (o ha querido seriamente) acabar a fondo con la pobreza, estimular una educación abierta ni desmontar el fanatismo. Sus programas no apuntan a un desarrollo sostenido y firme. No les interesan los derechos individuales ni la majestad de las instituciones republicanas. Por el contrario, exageran el asistencialismo mendicante, imponen doctrinas tendenciosas y exaltan diversos tipos de animosidad para conseguir la adhesión de multitudes carenciadas, explotadas, resentidas o enturbiadas por la confusión”.

Otro método característico de los regímenes fascistas o populistas, asegura Aguinis, es el de “crear un enemigo interno y un enemigo… anterior. Además de poner siempre la culpa afuera, la inyectan contra lo que ocurrió antes para, de esa forma, depredar sin límites”.

Advierte, además, que en el modelo populista “nunca falta el personalismo, porque el partido o el movimiento se construyen en torno de una figura providencial. Los casos de Getulio Vargas (Brasil) Perón (Argentina), Nasser (Egipto), Chávez (Venezuela), son botones de una innumerable muestra”, dice Aguinis, a los que nosotros agregamos los casos nicaragüenses de Anastasio Somoza García, Arnoldo Alemán y Daniel Ortega.

“El líder populista es un demagogo, porque se acomoda, miente, halaga y desacredita según convenga al crecimiento de su poder”, explica Aguinis. Y define al demagogo como “alguien que dice cosas falsas a gente que considera idiotas. Seduce con actitudes que embelesan, como besar niños, mezclarse con la multitud, abrazar pobres y desconocidos, prometer maravillas. Al mismo tiempo, es duro con aquellos a quienes esa masa manifiesta antipatía, al extremo de prender muchas hogueras de odio”.

“No hay régimen populista que tolere la absoluta libertad de prensa…”, señala Aguinis, quien recuerda que Perón expropió un diario, amordazó a otros y privó de la radio a la oposición. Añade que los gobernantes populistas han censurado en diversas ocasiones y de diferentes modos a periodistas y medios, cual es el camino que quiere seguir otra vez Daniel Ortega, y que los diputados democráticos deben impedirlo mediante la aprobación de una Ley de Protección de la Libertad de Expresión y de Prensa.

En cuanto al presupuesto del Estado, Aguinis advierte que “siempre es manipulado con arbitrariedad. Los controles son silenciados o ninguneados. El modelo populista identifica fondos del Estado con fondos del gobierno o —peor aún— fondos de quien tiene el mango del poder. Los usa a discreción para someter opositores, cooptar voluntades y hacerse propaganda… Los venezolanos llaman ‘regaladera’ a los millones de petrodólares que Chávez distribuye arbitrariamente para avanzar en su proyecto narcisista-leninista (Oppenheimer dixit) y convertirse en el monarca del continente. El populista es un modelo que se ríe de las ingenuas y frágiles limitaciones de la transparencia republicana”.

Como si se estuviera refiriendo específicamente a Nicaragua, Marcos Aguinis hace notar que en el modelo populista “tampoco faltan las alianzas con la ‘burguesía nacional’ o los ‘empresarios patrióticos’, es decir, aquellos que prefieren coimear funcionarios para obtener privilegios que producir en forma realmente competitiva”. Al mismo tiempo “el modelo populista no se priva de atizar el odio” (contra la oligarquía, contra los ricos, contra los opositores y los críticos), desdeña la legalidad, quiere quedarse para siempre en el poder.

Marcos Aguinis finaliza su excelente artículo sobre el régimen populista contrastándolo con “el modelo socialista democrático de Chile, Brasil y Uruguay (que) está libre de todas las pústulas mencionadas” y por eso son gobiernos previsibles y confiables. Con lo cual se quiere decir que si la izquierda es moderada y el socialismo democrático, los demócratas no tienen problema en aceptarlo e inclusive en apoyarlo cuando esto es necesario.

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