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Pensión versus daños sicológicos
Lillyam Alvarado Mendoza
La autora es periodista

El empresario Manuel Ignacio Lacayo buscó la cárcel por su propia cuenta. ¿Tan hábil en el mundo de los negocios y no pudo darse cuenta que su matrimonio lo llevaría al banquillo y que al final sus hijos y su familia serían los más afectados sicológicamente?

Sobre el idilio entre Lacayo y su ex esposa, se podía percibir que difícilmente fuera una relación fundamentada en ese sentimiento humano tan noble y manipulado por intereses tan disímiles. El tiempo siempre tiene la última palabra. En esa relación, como en muchísimas otras, no había la base necesaria para que el fruto de esa unión (la niña) pudiera disfrutar de los bienes de su padre sin enfrentar el escándalo público ni soportar semejante daño psicológico para ella.

Ni los tres mil dólares que exige la madre, ni los Ferrari del color de cada vestido que podría comprarle su padre, compensan el inmenso daño a que es sometida, mientras sus padres mantienen una encarnizada lucha judicial donde los caprichos, la ambición, la falta de vergüenza y de principios, y la insensatez judicial, son los principales ingredientes.

En este juicio, donde se condena a Lacayo por el delito de omisión deliberada de prestar alimentos a su hija menor, nadie tomó en cuenta a la principal protagonista. ¿La señora juez cree que es más importante para un hijo, tres mil dólares (bueno dos mil porque mil sí hay pruebas que son entregados mensualmente) o la libertad de un padre? Y las caricias del padre, los besos, los abrazos, la presencia del padre en el acto escolar, ¿eso cuántos dólares vale? En el colegio de esa niña el próximo 23 de junio estarán todos los papás, menos Lacayo. ¿Qué dirán sus compañeritos de clase?, quizá algo así: “Tu papá no viene porque está preso”. Los adultos cometemos más delito al tomar decisiones que afectan a nuestros hijos sin consultarlos.

¿Se ha preguntado la madre de la criatura si cuando esta niña sea adulta no hubiera preferido aceptar lo que se pudiera comprar con mil dólares para su alimentación (más los otros ingresos que alega su padre) que tenerlo dos años preso como cualesquier delincuente? Yo creo que todos los que amamos a nuestros padres preferiríamos su presencia antes que unos dólares más.

No estoy a favor de los padres que eluden su responsabilidad ante los hijos. Deben responsabilizarse por los gastos de sus hijos, e ir a la cárcel si es necesario, en lo que no estoy de acuerdo es que no se haya buscado una salida más amigable a este caso en particular, sobre todo cuando está demostrado que el hombre deposita mil dólares mensuales y asume otros pagos para su hija. Además deduzco que la madre de esta niña igual recibe otros ingresos por pensión alimenticia por sus otros tres hijos, de su matrimonio anterior (aunque nunca me enteré que haya promovido un juicio por esta causa). Las dos pensiones, más su salario, ¿no será suficiente para cubrir los gastos?

Quizá si existiera un juez de familia, como en otros países, y nuestra justicia no fuera determinada por intereses políticos, el capricho de los padres no sería el elemento a juzgar, sino el bienestar de los niños en general.

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