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Cuando la tinta se agota…
Loanny Picado
La autora es cronista deportiva.

Los cronistas deben hacer conciencia para dejar de ser los títeres que fácilmente utilizan los directivos para su propio beneficio; tienen que hacer valer el trabajo periodístico, eliminando el cáncer que mata la credibilidad del cronista deportivo.

El periodismo es una de las más excitantes profesiones, pero el periodismo deportivo es aún más apasionante y maravilloso (por lo menos para mí lo es desde que tenía 16 años y no he cambiado de percepción).

Pero no todo en el mundo de la crónica deportiva es color de rosa. Una de las debilidades en esta rama es la vulnerabilidad que tienen los periodistas. No es secreto que siempre se está expuesto a las tentaciones que ofrecen algunos dirigentes deportivos para entablar un “lazo amistoso”.

Entre esos lazos de amistad puede haber regalos muy gratificantes para el periodista, como viajes al exterior, cursos académicos, la oportunidad de ir a competencias internacionales y uno que otro favor extra para resolver algunos problemas personales.

Por supuesto que lo más sensato que debe hacer el periodista es negarse a recibir estos obsequios y seguir con las críticas objetivas, sin miedo a represalias. Pero algunos pueden caer en la tentación y se les puede agotar el tiempo y las ganas de escribir, por esos regalos amistosos que les otorgan los cabecillas deportivos.

Los problemas entre periodistas y los presidentes de las federaciones se vienen desarrollando desde hace muchos años, pero no se conocían tan abiertamente como ahora los casos en que estos periodistas hacían algunos favores a los mismos federados, luego de que entablaron fuertes “lazos de amistad”.

Recientemente entrevisté a Roberto Bolaños, ex vicepresidente de la Federación Nicaragüense de Futbol (Fenifut), quien hizo una fuerte crítica al periodismo deportivo refiriéndose a un caso de conocimiento público.

“Julio Rocha ha perdurado en el puesto de Fenifut porque ha comprado conciencias y sobre todo de periodistas que lo criticaban y ahora se callan. La pluma de algunos se ha secado”, expresó.

No es secreto que algunos periodistas fueron a parar a los juzgados, luego que hicieron señalamientos en contra de diferentes directivos de federaciones quienes resultaron vinculados en malos manejos administrativos durante su período de gobierno.

Lo sorprendente fue que tiempo después de los conflictos, los periodistas que criticaron fuertemente al federado ahora enlazan un fuerte vínculo amistoso. Y no es que esto sea malo, pero al parecer este tipo de acercamientos hacen que los cronistas dejen de escribir con objetividad.

¿Será que se ha perdido la ética? ¿Se puede comprar la conciencia moral? ¿Será válido crecer en la profesión sin importar los medios? ¿Será que el nivel de la crónica deportiva empeora? Lamentablemente la respuesta para todas estas preguntas es positiva, pero aún hay tiempo y talento para sanar este veneno que contamina al periodismo.

Es preciso que los cronistas hagan conciencia y que salgan de este yugo corrupto esclavista que tiene hundido nuestro nivel periodístico. Hay que terminar con esta vergonzosa función y dejar de ser los títeres que fácilmente utilizan los directivos para su propio beneficio. Es momento de hacer valer nuestro trabajo eliminando este cáncer que mata la credibilidad del cronista deportivo.

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