La derecha del presidente francés, Nicolas Sarkozy, no arrasó pero obtuvo una cómoda mayoría en las legislativas del domingo y se prepara para poner en práctica un ambicioso programa de reformas frente a una fortalecida e inesperada oposición socialista.
La anunciada victoria de la UMP, el gran partido conservador francés, que obtuvo 318 escaños sobre un total de 577, es innegable, sin embargo deja un regusto amargo entre sus protagonistas.
Seis semanas después de ser elegido presidente, Sarkozy soñaba con conseguir una mayoría abrumadora en la Cámara de Diputados pero su victoria no está a la altura de estas expectativas, sobre todo porque su formación contará con 41 diputados menos que en la Asamblea saliente.
El jefe de Estado, que aprendió el domingo que el poder es un privilegio frágil, deberá hacer frente a varios imprevistos, comenzando por los 190 escaños del Partido Socialista, que podrían transformarse en más de 200 gracias a alianzas, y la salida del gobierno de uno de sus ministros más queridos, Alain Juppé, titular de Ecología, derrotado en su circunscripción de Burdeos (suroeste) y obligado a renunciar al cargo.
“Tras estas elecciones, la libertad de acción del gobierno se verá complicada por una izquierda repuesta, unos sindicatos fortalecidos y unos diputados de derecha inquietos por las elecciones municipales de 2008”, resumió el politólogo Arnaud Leparmentier.
“El sí pero... de los franceses”, “La derecha recibe un izquierdazo”, “Una advertencia para Sarkozy”, titulaba la prensa el lunes.
“Lo que ocurrió el domingo no es un fracaso, ya que Nicolas Sarkozy tendrá una mayoría clara, pero es una advertencia. La izquierda no ha perdido su capacidad de reaccionar y movilizar”, según los analistas de Le Figaro.
La abstención fue récord: 40 por ciento. Otro récord fue el de mujeres electas como diputadas: 106 escaños pararon en manos de mujeres, frente a 76 de la pasada legislatura.