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Vientos de cambio en Argentina
Andrés Oppenheimer

Kirchner ya no es el líder todopoderoso que todo el mundo piensa gobernará la nación por tres o cuatro períodos.

BUENOS AIRES

Los vientos políticos están cambiando en Argentina. A diferencia de lo que vi durante mi último viaje a este país el año pasado, el presidente Néstor Kirchner ya no es el líder todopoderoso que todo el mundo piensa gobernará la nación —en forma directa o detrás de bambalinas— por tres o cuatro períodos.

Hace sólo unos meses, la opinión generalizada en esta capital era que la esposa de Kirchner, la senadora Cristina Fernández de Kirchner, sería la candidata del gobierno para las elecciones presidenciales del 28 de octubre, y que las ganaría con facilidad, ayudada por cuatro años consecutivos de fuerte crecimiento económico del país y las altas tasas de popularidad de su marido.

Los analistas políticos decían que Cristina Fernández de Kirchner gobernaría por un período de cuatro años, y después dejaría que su marido volviera a postularse para gobernar uno o dos períodos presidenciales más. Esto permitiría a los Kirchner gobernar hasta el 2015, a lo mejor incluso hasta el 2019.

Sin embargo, una serie de reveses políticos en los últimos meses sugieren que el “'Fenómeno-K” —como los medios se referían al 70 por ciento de popularidad de Kirchner en los primeros años de su mandato— ya ha llegado a su pico, y está perdiendo fuerza.

Aunque los encuestadores pronostican que el presidente o su esposa ganarán las elecciones de octubre —todavía no está claro cuál de los dos será el candidato oficial— pocos están dispuestos a apostar que Kirchner seguirá acumulando poderes como lo ha hecho en los últimos años.

“Hace 90 días, decíamos que habría Kirchner en el poder por 16 años”, señaló Rosendo Fraga, un conocido analista político que preside el Centro para una Nueva Mayoría. “Hoy, decimos que lo van a reelegir y va a tener un mandato muy difícil. Ha cambiado el horizonte a largo plazo”'.

Efectivamente, el presidente Kirchner —cuya política exterior se ha acercado al mandatario narcisista-leninista venezolano Hugo Chávez en los últimos dos años— sufrió una gran derrota política a principios de este mes.

A pesar del activo apoyo de Kirchner a su ministro de Educación Daniel Filmus en la primera ronda electoral del 3 de junio para la alcaldía de Buenos Aires, Filmus fue derrotado en las casillas. El candidato de oposición de centro-derecha Mauricio Macri, presidente del club de futbol Boca Juniors, ganó la primera ronda por un margen de 22 por ciento, y se espera que gane con facilidad la segunda ronda el próximo domingo.

También el 3 de junio, el candidato de Kirchner para gobernador de la provincia sureña de Neuquén perdió por 13 por ciento de los votos. En octubre del año pasado, en lo que fue visto como la primera derrota política importante de Kirchner, el Gobierno perdió una votación estatal por una reforma constitucional clave en la provincia norteña de Misiones.

Asimismo, escándalos de corrupción —incluyendo sobornos aparentemente pagados por la empresa constructora sueca Skanska— están por primera vez salpicando a funcionarios del Gobierno actual. Los apagones eléctricos en medio de un invierno frío hacen que mucha gente se pregunte si el Gobierno está invirtiendo como debiera los frutos de la bonanza económica del país, producto de los altos precios internacionales de las materias primas que exporta.

En los últimos dos meses, la imagen del presidente cayó a un 35 por ciento en esta ciudad, y la de su esposa a un 25 por ciento, según señaló el diario La Nación la semana pasada, citando una encuesta no identificada. La popularidad de ambos es mayor en el interior del país.

Roberto Lavagna, un ex ministro de economía de Kirchner que ahora está compitiendo como candidato de oposición para las elecciones presidenciales de octubre, me dijo en una entrevista que los días de gloria del presidente han llegado a su fin. Ahora, la estrategia de Kirchner es evitar que surja un candidato de oposición que capitalice el creciente descontento popular, señaló Lavagna.

Según Lavagna, el Gobierno está poniendo una enorme presión a los canales de televisión para que lo dejen fuera del aire, por ser el único candidato de oposición con una estructura política nacional. Llamé a dos colaboradores cercanos de Kirchner para conocer su opinión al respecto, pero ninguno regresó la llamada.

“Pasé tres meses sin aparecer en ningún noticiero de televisión en horario central”, me dijo Lavagna. “El grado de presión del Gobierno sobre la prensa no tiene precedentes desde 1983”.

Mi opinión: Es probable que uno de los Kirchner gane las elecciones de octubre, y Argentina tenga cuatro años de populismo moderado o chavismo de baja intensidad. Pero Néstor Kirchner ha perdido su aura de invencibilidad, y todo parece indicar que candidatos más modernos —que le apuestan a la globalización y a las inversiones— ganarán importantes elecciones locales, cambiando el horizonte político del país por primera vez en varios años.

Corresponsal extranjero y columnista de The Miami Herald y El Nuevo Herald

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