“Cada quien es dueño de su propio miedo”

Numerosas personas amigas nos han expresado su preocupación solidaria, ante el lenguaje agresivo que están usando contra nosotros algunos sombríos pero poderosos personajes vinculados al régimen actual, y nos han preguntado si no tenemos miedo a sus amenazas.

En realidad, no podemos saber a ciencia cierta si son sólo exabruptos o significan amenazas “indirectas” contra nosotros, las expresiones del señor Miguel D’Escoto, quien fuera Canciller de Nicaragua durante el primer gobierno de Daniel Ortega, acerca de que si en ese entonces hubiera existido la pena de muerte en Nicaragua, “todos los de LA PRENSA se habrían ido al otro mundo”. Y tampoco podemos asegurar que hay una amenaza implícita en lo dicho el sábado pasado por el señor Lenín Cerna, ex jefe de la Dirección General de la Seguridad del Estado durante el régimen sandinista de 1979 a 1990 y ahora secretario de organización del FSLN, de que LA PRENSA y otros medios de comunicación independientes somos “la derecha” que quiere “destruir, matar, desaparecer de la faz de la tierra” a los sandinistas. Y su advertencia de que “somos nosotros —es decir los dirigentes del FSLN en el poder— los que tenemos que buscar cómo defendernos con el valor y la autoridad que representamos”.

En todo caso, lo que nos llama la atención es que esos poderosos personajes del partido de gobierno, hayan comenzado a hablar de pena de muerte y de matar, al referirse a LA PRENSA y otros medios de comunicación social independientes y democráticos. Y al respecto cabe preguntar: ¿Es que LA PRENSA alguna vez ha estado involucrada en asesinatos políticos o cualquier otro tipo de crímenes? ¿Acaso no ha sido al revés, o sea que es LA PRENSA la que ha sufrido represiones de toda clase, desde censuras y cierres hasta el asesinato de su Director Mártir, el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, quien fuera asesinado hace ya más de 29 años sin que se conozca hasta hoy si la orden de matarlo salió de la ultraizquierda o de la extrema derecha nicaragüense?

La posición de LA PRENSA ante el crimen en general y el asesinato político en particular, ha sido, es y seguirá siendo clara, categórica e inequívoca. Nosotros condenamos el crimen político independientemente de quién sea la víctima y de los argumentos con los que se pretenda justificarlo. La vida humana es sagrada y nadie, por ningún motivo o razón, tiene derecho de suprimir la de otra persona. Por eso fue que del mismo modo que condenamos el asesinato del doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal —un intrépido luchador por la libertad y la democracia—, también repudiamos los asesinatos de dictadores tan reconocidos como los generales Anastasio Somoza García y Anastasio Somoza Debayle.

Por otra parte, por los principios y valores democráticos y libertarios, occidentales y cristianos que sustentamos y los cuales impregnan la labor periodística de LA PRENSA, nosotros no sentimos odio hacia ningún miembro pequeño o poderoso, humilde u oligarca del gobernante partido FSLN. Junto con el 62 por ciento de la población no queríamos que Daniel Ortega ganara las elecciones del año pasado, por todo lo malo que hizo en el pasado y porque nos preocupaba mucho que lo volviera a hacer en el presente. Pero somos absolutamente respetuosos de la Constitución y la ley y creemos que lo que deben hacer los nicaragüenses democráticos es aprovechar los mecanismos institucionales, las libertades y los derechos que aún hay en Nicaragua — antes de que las vuelvan a suprimir como lo hicieron en los años ochenta—, para impedir que el régimen orteguista vuelva a cometer los abusos de diversa índole que cometió en el pasado; y para quitarlo del poder en las elecciones nacionales del año 2011, después de derrotarlo en las municipales del próximo año.

Y en cuanto al miedo que según algunas personas deberíamos sentir por las expresiones amenazantes de prominentes personajes asociados al gobierno actual, sólo podemos repetir lo que respondió el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, cuando le preguntaron si tenía miedo de que sus enemigos políticos cumplieran sus amenazas directas e indirectas de matarlo: “Cada quien es dueño de su propio miedo”.

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